Mostrando entradas con la etiqueta Guillermo Vidal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guillermo Vidal. Mostrar todas las entradas
viernes, 14 de octubre de 2011
La ruta pagana - Guillermo Vidal
Era solo un mensajero, se repitió con insistencia mientras masticaba confusión. A pesar de la zozobra con la que se había puesto en camino no se le pasó por la cabeza negarse a la misión que le había sido encomendada.
─A la ruta pagana iras y ante el dios de las tormentas harás libación y ofrendas.
─¡Pero está prohibido!
El Sumo no se dignó a contestarle y siguió impasible su perorata.
─Y luego le entregaras este mensaje, es un favor que nos debe y que prometió devolver a su tiempo. En caso que se resista recuérdale que evitamos la condena de su gente y dejamos que sus sacerdotes y adivinos que predecían el clima se convirtieran en meteorólogos y legalizaran una ciencia que no es tal.
El solo recordar la conversación con el superior le hacía sonrojarse mientras le temblaban las piernas al punto de bambolearse de un lado a otro de la vía como si estuviera borracho. A los costados de la antigua ruta imperial yacían los antiguos templos de las deidades perdidas y ante la vista del hábito los fieles de las desterradas religiones politeístas se escabullían aterrados, creían que venía a condenar sus ofrendas profanas. Se detuvo ante un edificio en buen estado con la con una gran pantalla en el frente que se activo con al detectar su presencia.
─Oh dios de las tormentas y el buen clima pido me des un augurio de buen tiempo para las fiestas, el pedido viene de lo más alto ─dijo como si escupiera las palabras, consciente de que cometía un sacrilegio por la sola razón de la obediencia. En este caso era el mismísimo Todopoderoso y declarado deidad única el que enviaba un mensaje pidiendo a sus sacerdotes que se comunicaran con esta despreciable divinidad secundaria. Los tiempos han cambiado mucho, pensaba, desde la época de la estricta observancia; la crisis es tal, con los recortes y reducción del presupuesto, que llegó a los cielos y hasta los monoteístas se vieron obligados a tercerizar.
lunes, 3 de octubre de 2011
Altamente improbable – Guillermo Vidal

—¿Cuando la agencia espacial dice que es altamente improbable que caiga basura espacial sobre centros habitados está al tanto que acaba de suceder delante de sus narices y encima de mi casa?
—Creo que se refieren a que las trayectorias de los satélites en desuso están configuradas para caer sobre el océano o en lugares como nuestro pueblo, que esta tan alejado para las naciones desarrolladas como los mundos del sistema Alpha Centauri —respondió el especialista en un arranque de sinceridad inusual, por fortuna de corta duración—. Claro que nadie lo hace a propósito, seguro que no están informados que este lugar está habitado.
domingo, 25 de septiembre de 2011
El frasquito de cristal – Guillermo vidal
Se buscó por todos los sistemas planetarios del reino el código genético perfecto para complementar a la princesa heredera, lo hallaron finalmente en un joven colono de una granja en los asteroides perdidos. Lo llevaron en la nave de su majestad a pesar de la oposición de la familia que profesaba una religión que prohibía ostentar cargos. Para evitar desobedecer sus creencias y a su gente el inexperto colono escapó a la primera oportunidad y tratando de evitar un conflicto con la colonia y el reino dejó en un frasquito de cristal su esperma.
Así fue engredado el heredero pero él fue exiliado por los suyos ya que sus creencias prohibían guardar el esperma en frascos.
La princesa fue hasta la caverna donde el joven colono purgaba su culpa, en un planeta desierto, con el niño nacido en brazos pero él no apareció.
—¿Qué voy a decirle cuando pregunte por su padre? —gritó desesperada y nadie le respondió.
—No voy a irme hasta obtener una respuesta —insistió la joven mientras el bebe lloraba.
Tal vez la escena ablandó el corazón del penitente y de un montículo que hasta el momento parecía una piedra emergió una mano que sostenía un frasquito de cristal.
martes, 13 de septiembre de 2011
Todo está conectado con todo – Guillermo Vidal

Tenía la sensación de estar conectada con todo el universo como en una red que llegaba hasta sus dedos y cuando digitaba en el celular un numero el mundo entero hablaba con ella. Era confortable la percepción de tan intensa compañía y ni que decir de compartir cada acción que ejecutaba como si sus movimientos impulsaran el mundo. Pero un día modificó su agenda, apenas una cita para unas horas después y en cascada los aviones erraron en sus partidas, los satélites no daban con la tierra y los barcos perdían de vista los puertos, sin hablar de las fallas en los semáforos y los horarios de los micros y los relojes oscilantes. Por esas cosas del azar, la llamaron para confirmar la cita en el horario anterior y así todo volvió a su cauce, sin que nadie sospechara, ni ella, el motivo de tanto desquicio.
Sobre el autor: Guillermo Vidal
domingo, 11 de septiembre de 2011
Es falso que no es verdad – Guillermo Vidal
Urgió una decisión a la hora de mostrar al mundo las novedades y ahí llegó en auxilio un personaje de extracción hollywoodense, editor de películas, que aconsejó con tino una solución magistral, rehacer las escenas sin las molestas sombras ni los defectos que imponían los instrumentales de la época. Un hangar en la tierra, convertido en estudio de cine, transmitió las imágenes espectaculares y las frases heroicas de la llegada a la luna. Allá lejos estaban los astronautas juntando piedras y mirando la transmisión versionada de la primera pisada del hombre al satélite terrestre, no hay duda que se emocionaron, los actores sabíamos esquivar las sombras y mirar a la cámara. Teníamos un contrato de confidencialidad con el gobierno y revelar cualquier información era un atentado contra la seguridad nacional, era plena guerra fría.
El resultado valía la pena, y el pago, el lugar donde se filmó todo era llamado área cincuenta y uno. Ahora no me importa, ya estoy muriendo y puedo decir que yo fui el que puse el pie en la luna por primera vez en la historia, al menos el que vieron millones de hombres, yo interprete a Neil Alden Armstrong.
Acerca del autor
No todo lo que brilla… – Guillermo Vidal

—¡Cuanto avance!, descubrieron un diamante del tamaño de un planeta, es una esfera perfecta de un facetado exquisito y todavía queda por analizar el anillo que lo circunda, es de oro puro con un mensaje grabado en un lenguaje desconocido, ¿no te parece extraordinario?
—Me llena de terror.
—¿Pero por qué?, es una obra de ingeniera alíen increíble.
—¿Si así es el diamante como será la mano que porta el anillo? No estoy seguro de querer encontrarme con esa gente.
Sobre el autor: Guillermo Vidal
sábado, 10 de septiembre de 2011
La sospecha - Guillermo Vidal

Con sus afilados picos tallaron la piedra e hicieron de las montañas templos, palacios y ciudades —decía el guía turístico.
¿Qué hacia un terrestre inserto en esta cultura extraña?, pensó mientras pasaban a través de las cuadrillas de aviosapiens.
—Se distribuyen en grupos llamados nidos, cada nido se hace cargo de una obra y le puede tomar generaciones completarla —continuó el guis con su perorata seguro repetida cientos de veces.
—¿Podemos bajar? —preguntó un turista ansioso.
—Cuando lleguemos alrededor del mediodía podrán bajar, los aviosapiens se distraen con facilidad con los extraños y no queremos interrumpir el trabajo, así que aprovechen ahora para admirar las bellezas de este mundo después nos esperan para el almuerzo y son muy ruidosos para comer por lo que no tendrán oportunidad de ver nada.
—¿Es cierto que son caníbales?
—Caníbales no, no comen a los de su propia especie, son habladurías —dijo el guía tranquilizando al grupo.
La algarabía y la sorpresa por las maravillas que podían ver ocuparon por completo la atención de los turistas. Él sin embargo permaneció distante y apenas le asombró una construcción ante la cual la muralla china y las pirámides de Egipto empalidecerían.
Era cierto, pensó, las cosas extraordinarias que hacían con esos picos pronunciados y filosos, rasgaban la más dura roca y podían con facilidad limpiarle los huesos en pocos minutos dos de ellos; el guía aseguró que no eran caníbales pero no que no fueran carnívoros de otra especie, que tonterías estoy pensando, se dijo, y decidió seguir mirando con la mala fortuna de cruzarse con un aviar que lo miro, casi podía imaginarlo, como un predador se relame con su almuerzo, ¿no había dicho el guía que los esperaban para almorzar?
—¿Sucede algo malo? —se acercó el guía al verlo tan abstraído.
—No sé, tengo un mal presentimiento,
—Sí, lo entiendo son intimidantes, pero le aseguro — y levanto la mano con la palma abierta para jurar— no corremos ningún peligro.
Casi olvido el episodio el resto del camino, llegaron a destino y casi todos en el ómnibus estaban semidormidos por el largo trayecto y la ayuda de un brebaje nativo muy potente que él se negó a tomar.
—Llegamos, no se muevan todavía —dijo el guía y se abrió el techo del ómnibus dejando entrar un aire fresco que despertó a los viajeros, de inmediato sintieron graznidos en medio de la oscuridad y lo que parecía el sonido de garras frotando el metal.
—¡Hora de almorzar! —dijo el guía y una oleadas de picos rasgo cabezas y la sangre explotó en los asientos y bañó el piso hasta que los gritos dejaron de escucharse. El estaba acurrucado bajo un asiento intacto esperando el picotazo hasta que una mano lo toco.
—¿Qué lío no?, serán sapiens pero no han aprendido a comer —dijo el guía.
—Me aseguró que no corríamos peligro y lo juró.
—Y cumplí, los dos estamos a salvo, usted y yo somos sangre cero negativo, no la digieren bien.
—¿No me van a comer?
—No, pero si quiere conservar la vida tendrá que trabajar de guía.
—Prefiero morir —repitió varias veces antes de perder el conocimiento.
¿Pero quién iba a sospechar que estaba hecho a la medida para este trabajo?, pensó después de varios años de guía, pagan bien, los turistas son dóciles, van adonde los llevan, aceptan lo que les dicen, comen lo que les dan sin chistar, después de un tiempo uno también termina por verlos como ganado; y cada tanto en algún contingente llega un cero negativo.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Fuera de época – Guillermo Vidal

Julieta disfrutaba de una coca diet en el balcón sin saber todavía que Romeo trepaba por los arbustos y su impecable buzo gap de pelo trenzado quedó hechos jirones, pero estaba demasiado embelesado con la faz luminosa de su amada, gracias al maquillaje lanzoné, algo que él no necesitaba saber. Las cortinas bordadas de chanel se mecieron con la briza nocturna y el desaville de seda exclusivo de Alesandro fornari se deslizó por la piel de la joven, recién ungida con cremas avon noir para la noche; Julieta sintió que había algo especial en el aire además del perfume de Dorian savboja, con pizcas de almendros en su esencia…
—Un momento —dijo el editor deteniendo al escritor— en ese párrafo caben al menos cinco productos más.
—Pero es una tragedia —se quejó el novel escritor.
—Esta conversación ya la tuvimos, necesito que incluyas los productos de nuestros anunciantes.
—Hice los cambios que me pediste, ahora son los hijos de corporaciones enemigas y vive en un castillos reciclado.
—Los castillos son húmedos y tétricos —se quejo el editor— pero dejalo, no te olvides de incluir la empresa que realizó la restauración. Eso sí, la otra obra que estas escribiendo quiero que suceda en un shopping, esa del joven dubitativo que se le aparece el fantasma del padre y el tío se queda con todo,
—Es un rey.
—Convertilo en el Ceo que se queda con las empresas y no se hable más.
El joven escritor se retiró mirando al piso.
—Escribe bien, pero debió nacer en otra época —dijo el editor a la secretaria.
—Llamó su ex, por la cuota.
—Desdémona no se olvida nada, menos mal que nos separamos, hubiera terminado en tragedia lo nuestro.
Guillermo Vidal
domingo, 28 de agosto de 2011
Despejando dudas – Guillermo Vidal

La ortografía me deja siempre con los cables pelados. Con el punto me las arreglo más o menos bien, pero el tema de donde poner coma simplemente me
saca de quicio.
—Para eso estamos acá, veamos qué casos son los que más te cuestan.
—No encuentro hasta la fecha donde colocar el coma diabético, ni que hablar del coma cuatro. ¿El punto cruz va al comienzo de una oración?
Sobre el autor: Guillermo Vidal
sábado, 27 de agosto de 2011
La sopa y el hombre de la bolsa - Guillermo Vidal
Se rió mucho cuando su abuela le sirvió la sopa y él la dejó enfriar en el plato.
—Si no la tomas va a venir el hombre de la bolsa —insistía la nona.
La abuela decía cosas para asustarlo y que hiciera caso. Ya estaba grande y empezaba a cuestionar hasta lo de papa Noel. Le quedaba claro el papel que jugaban estos mitos en la domesticación de los chicos, pensó satisfecho de ser un liberado del yugo de los adultos, era libre. Quería escuchar la verdad de boca de su propio padre y se jugó a que esta vez no lo mandaría a hablar con las mujeres de esas cosas.
—¿Pa, quién es el hombre de la bolsa?
—El hombre de la bolsa dicen que es un cuento —sentenció el padre muy serio y prosiguió en el mismo tono— pero es muy real, es un sujeto de traje oscuro y gafas, que se aparece en tu puerta con promesas maravillosas si le entregas los ahorros de toda una vida y el título de propiedad de la casa como garantía para comprar acciones que valdrán diez veces en pocos días pero te deja sin un centavo y con una doble hipoteca a punto de ser ejecutada —concluyó con los ojos brillantes a punto de derramar un torrente de lágrimas.
Él se quedó boquiabierto por la revelación; el hombre de la bolsa existía y era mucho peor de lo que imaginaba, estaban arruinados y todo era su culpa.
—¿Hay sopa? —rogó con desesperación por primera vez en su corta vida, con la ilusión de estar a tiempo de revertir la tragedia—. ¿Hay sopa?—repitió.
Guillermo Vidal
sábado, 20 de agosto de 2011
Ley universal – Guillermo Vidal

Se investigó el extraño fenómeno de un numeroso grupo de personas que daba vueltas alrededor de una zona especifica y sin detenerse siquiera para comer, dormir o asearse en una perfecta órbita sincrónica. Se pensó en una secta o un grupo terrorista pero rastreando la zona se descubrió que en las inmediaciones tenía su mansión una reconocida estrella que las mantenía girando alrededor de ella, todo debido a los efectos de su gran atracción.
Sobre el autor: Guillermo Vidal
miércoles, 17 de agosto de 2011
Actualización – Guillermo Vidal

En el Olimpo desde hace miles de años los dioses discuten y se quejan de la falta de fieles.
—Bueno es cierto que no quedan muchos que crean, pero gracias a las películas todavía nos recuerdan —dijo Hércules entusiasmado.
—Sin contar las secuelas —agregó Perseo.
—¿Se puede saber por qué soportamos a estos hijos de Zeus contaminados de humanidad? —dijo Atenea, la más inteligente.
—Me extraña que lo preguntes, querida hija, por el merchandising.
Sobre el autor: Guillermo Vidal
domingo, 14 de agosto de 2011
Prueba y error – Guillermo Vidal

—No sé, crear montañas, estrellas, seres vivos, ¿pero esto, te parece?
—Con probar.
—Sí, con ese cuento lindo tongo se armó en el paraíso.
—Bueno, vos me llamaste para que te sugiriera una diversión.
—Está bien, probemos, hágase un objeto ¿de…?
—Seis lados.
—¿Y ahora?
—Hay que hacerlos rodar.
—¿No era mejor hacerlos esféricos?
—Vos dejame a mí.
—Cierto, el diablo sabe por diablo…sin ofender.
—Sí, lo de viejo esta demás.
Sobre el autor: Guillermo Vidal
Imagen: Bright, de itahim
viernes, 12 de agosto de 2011
Epitafio del futuro – Guillermo Vidal
Creyeron que el tiempo les pertenecía y que el resto del mundo era su patio de juegos. Sobrevivieron a las conspiraciones, a los ataques y a los enemigos. Lograron que sus contemporáneos les temieran y confundieron el estupor que causaban, por su poder de matar, con admiración. Pero no sobrevivieron a la mediocridad y a su propia arrogancia; el más cruel de los ataques fue el tiempo y ya nadie sabe pronunciar su nombre y sus restos apenas sobresalen de los arbustos. El niño de otro mundo observa con mirada inocente y solo sabe por lo que comentan los adultos, esa mujer de metal corroído, de la que sobresalen su cabeza con pinchos y un brazo en alto con una antorcha, es todo lo que quedó de estos autodenominados guardianes de la tierra; se perdieron como todos los imperios en el olvido.
Sobre el autor: Guillermo Vidal
martes, 9 de agosto de 2011
El retrato de Bless – Guillermo Vidal
Bless era intenso, naturaleza exuberante, colorida y desbordante; un mundo poblado de voces sin un rostro definido. Bless era único cuando las hojas de los arboles salían a volar y al caer el sol regresaban a sus ramas o cuando las sabanas se deslizaban por el terreno, hojas del tamaño de un campo y por la noche se enrollaban. Una cultura completamente vegetal que los terrestres no habían podido contactar directamente sino a través de símiles, entes adaptados a los humanoides, que duraban como las flores uno o dos días.
Bhorjes era tan humano como le era posible, yacía en un exoesqueleto desde el accidente, una aleación de titanio que lo protegía y le permitía desplazarse e interactuar, algo que su cuerpo dañado ya no podía por sí solo. A su modo era feliz, le gustaba pintar después de cumplir su tarea de exobiólogo al servicio de la alianza Sudaka, el refrito de naciones que ahora gobernaba la tierra tras la prolongada guerra.
En una de sus escapadas al valle disfrutó el día entero mientras deslizaba sobre la pantalla los pinceles digitales. Cuando terminó ya caía el sol y se sintió satisfecho con el trabajo, un paisaje típico de Bless con un algo particular que no conseguía identificar. De regreso colgó la imagen en la sala para que lo vieran los símiles como un gesto de aprecio al mundo que los recibía.
A la hora de la reunión para cerrar los tratados, la diplomacia fue muy efectiva, entro el símil y quedó alterados ante la imagen de Bless.
—¿No está bien? —preguntó Bhorjes con temor de haber roto alguna regla desconocida.
—Al contrario, es perfecta —dijo el símil.
—La podemos retirar de inmediato o incluso destruirla —agregó el capitán.
—¿Destruirla? Sería un sacrilegio.
—Se la podemos regalar —insistió el capitán para congraciarse.
—No hace falta es nuestra —dijo el simil—es una pena que la hayan visto.
Antes de que el capitán terminara de abrir la boca para preguntar él y el resto de la comitiva terrestre cayeron fulminados quedando solo Bhorjes en pie.
—¿Por qué? —se le escapó la pregunta.
—Hizo un retrato de un elemental, una en realidad, de la más sagradas, no quieren ser descubiertos por extranjeros. Es inusual y nos tomó por sorpresa pero no podemos quebrar la ley.
—¿Va a matarme?
—No, se quedará como retratista sacro, los otros elementales quieren también su propio retrato o tal vez prefiera volver a su mundo en cenizas con los demás para que los devuelvan a la vida sus propios elementales terrestres, aunque no recordaran nada de lo que pasó.
—¿Ustedes creen que tenemos elementales en la tierra?
—¿No los tienen? —preguntó incrédulo el símil?
Bhorjes negó con la cabeza.
—Lo siento, es terrible, podemos plantarlos aquí en Bless pero no sabemos que puede resultar. Los extraños no suelen crecer bien en nuestro suelo.
Pasado un año Bhorjes podía decir que se había adaptado y no le disgustaba retratar elementales, algunos de los terrestres crecieron en el jardín donde ahora se alojaba, tenían razón el símil, podían pasar por yuyos de no ser que él los conocía y los cuidaba.
Sobre el autor: Guillermo Vidal
Ilustración: Charlie Harper
viernes, 5 de agosto de 2011
¡Gracias a los Grimmbroths! – Guillermo Vidal

—¿Qué se dice?
—¡Gracias a los Grimmbroths!—gritaron los pequeños atentos a las palabras de la maestra.
—Erase una vez que la pequeña del casco rojo subió a la superficie, aunque sus padres se lo habían prohibido y se encontró con un ser extraño.
—¡Que ojos mas grandes tienes!—dijo la pequeña confiada.
—Son para observar y detectar mejor el entorno—respondió una voz afable.
—¡Y que manos tan grandes tienes!
—Son para manipular mejor en ámbitos desconocidos.
—¿Y esa luz roja como mi casco?
—Es para apuntar a un objetivo.
—¿Y por que baila en mi ropa?
—Porque puedes ser considerada una amenaza si adviertes a tu gente de mi presencia.
La niña comprendió tarde lo que el extraño quería decir y antes de poder gritar hubo una explosión y solo quedó su casco rojo humeante. Luego vinieron otros y por fortuna conseguimos las escrituras secretas que los guían y desciframos su contenido oculto.
—¡Gracias a los Grimmbroths!—dijeron los pequeños a coro—. ¡Otro, otro!
—También está aquella princesa que porque le gustaba dormir y su madre la molestaba la acusó de brujería y entregó el reino a un príncipe enemigo que la dejaba dormir. O la otra malvada a la que no le gustaba limpiar su cuarto y con la ayuda de siete mutantes obligó a su madrasta a mendigar vendiendo manzanas podridas acusada de querer matarla.
—¡Gracias a los Grimmbroths!
—Que sin quererlo nos revelaron el secreto detrás de sus textos sagrados, ¿qué nos enseñan estas historias?
—¡Que los terrestres se disfrazan de príncipes y princesas generosos e ingenuos, o de hadas protectoras y reyes benévolos para distraernos, engañar, traicionar y quedarse con nuestro mundo! —repitieron con entusiasmo.
—¡Gracias a los Grimmbroths!—dijo satisfecha la maestra.
miércoles, 3 de agosto de 2011
El oficio de mutar – Guillermo Vidal

Transformar pobreza en dinero es un arte antiguo, más complejo es convertirlo en belleza para siempre teñida de sangre, como la muralla china y sus émulos, pero tanto abuso a veces no transmuta y la moneda que cae en el fondo trae suerte, como cuando la garra provoca el grito en vez del silencio y hace caer la montaña, y el poderoso es expuesto en su miseria.
Guillermo Vidal
Guillermo Vidal
sábado, 30 de julio de 2011
La historia oficial – Guillermo Vidal

Todo lo que se podía observar por las ventanas no era real, así le informaron oficialmente cuando cumplió los doce años, aunque ya lo sabía por los comentarios de sus compañeros, ni los árboles, ni el cielo azul, ni los pájaros que tanto le gustaban, nada existía. Eran animaciones en voxeles, afuera no había otra cosa que una densa y oscura niebla y solo se adivinaba las siluetas difusas de otras torres vecinas. Vivían a casi cinco mil metros de altura del nivel de la superficie y tenían más pisos por encima de ellos.
—¿Qué hay abajo? —preguntó.
—Nadie ha bajado más allá de los novecientos metros desde hace mucho tiempo, las sondas que se enviaron no regresan ni envían datos, no parece que nada pueda sobrevivir en ese ambiente hostil.
—¿Pero los montículos?
—Son formaciones naturales.
—¿Y los nativos?
—Plantas que por efecto del viento y la luz parecen moverse y tener aspecto humanoide.
Su padre, que hasta el momento había permanecido en silencio, intervino—Cuando llegamos al tercer planeta no encontramos ciudades, ni seres inteligentes, apenas una atmosfera irrespirable. Por eso construimos las torres. No creas lo que inventan los fanáticos, no somos invasores. No hubiéramos puesto ni una de nuestras tres extremidades inferiores en este mundo de haber una especie desarrollada.
Sobre el autor: Guillermo Vidal
martes, 26 de julio de 2011
Lo último en el futbol de primera – Guillermo Vidal

—Lo mío fue inocente, activé el escudo de protección personal y grité el gol de mi equipo en la tribuna repleta de fanáticos del equipo rival, era un gusto que me quería dar. La multitud giró la cabeza como una sola y se abalanzó sobre mí a un solo alarido, eso fue todo.
—Excepto que murieron aplastados en la avalancha cincuenta y dos hinchas.
—Sí, la furia asesina se contagió sin control y todos y cada uno querían golpearme, pero el escudo aguantó, lo probé con una locomotora en un paso nivel, me hizo rebotar como una pelota y fui a dar a la avenida donde me golpeó un camión con acoplado y nada.
—¿No tiene nada que decir al respecto?
—Que fue una injusticia que nos anularan el gol.
—Todavía hay doscientos hospitalizados y el estadio quedó destrozado.
—Sí, los fanáticos son terribles. No se justifica tanta violencia.
—¿Usted no tuvo nada que ver?
—Gritar un gol no es delito.
—¿En la tribuna rival, cuando se están por ir al descenso?
—¡Cierto, quién iba a pensar que un equipo de esa jerarquía iba a caer en la B! El futbol ya no es lo que era.
Vidal 21 - Guillermo Vidal

—Pero yo soy Vidal numero uno.
—Tiene que admitir que tiene muchas fallas, sin ofender.
—Es cierto que algunos pequeños bugs me han jaqueado a veces.
—¿Pequeños, a veces? Es inestable, se cuelga inesperadamente, no soporta multitasking verdadero, todo lo que hoy es prioritario.
—¿No me pueden bajar algunos parches?
—el servicio de actualización para su versión esta discontinuado, lo siento, además poco pueden hacer para acelerarlo y menos resolver la interconectividad, su plataforma no la contempla.
—No existía, dijo Vidal uno con pena, fue apenas hace una década.
—Un siglo en este siglo.
—¿No tengo posibilidad alguna?
—Yo no diría eso, puede ser el asistente de una versión Vidal mas reciente.
—¿Puedo asistir a Vidal 21? —dijo por primera vez con entusiasmo.
—Está reservado.
Vidal uno quedo con la mente en blanco.
—Ve, lo que le digo, se cuelga ante situaciones que un Vidal veintiuno hubiera resuelto con facilidad y rapidez. ¿Y?, es eso o recolectar basura en órbita.
—¿Un cartonero del espacio?, no está escrito en mi Kernel.
—Si quiere prosperar, no vuelva a decir Kernel, denota su antigüedad.
—Lo siento.
Vidal volvió caminando bajo la lluvia digital al locker donde estaba archivado, aceptó servirle el café a Vidal tercero, un legendario deportista retirado. En esta época loca, pensó, ser un original no vale nada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)