viernes, 14 de octubre de 2011

La ruta pagana - Guillermo Vidal


Era solo un mensajero, se repitió con insistencia mientras masticaba confusión. A pesar de la zozobra con la que se había puesto en camino no se le pasó por la cabeza negarse a la misión que le había sido encomendada.
─A la ruta pagana iras y ante el dios de las tormentas harás libación y ofrendas.
─¡Pero está prohibido!
El Sumo no se dignó a contestarle y siguió impasible su perorata.
─Y luego le entregaras este mensaje, es un favor que nos debe y que prometió devolver a su tiempo. En caso que se resista recuérdale que evitamos la condena de su gente y dejamos que sus sacerdotes y adivinos que predecían el clima se convirtieran en meteorólogos y legalizaran una ciencia que no es tal.
El solo recordar la conversación con el superior le hacía sonrojarse mientras le temblaban las piernas al punto de bambolearse de un lado a otro de la vía como si estuviera borracho. A los costados de la antigua ruta imperial yacían los antiguos templos de las deidades perdidas y ante la vista del hábito los fieles de las desterradas religiones politeístas se escabullían aterrados, creían que venía a condenar sus ofrendas profanas. Se detuvo ante un edificio en buen estado con la con una gran pantalla en el frente que se activo con al detectar su presencia.
─Oh dios de las tormentas y el buen clima pido me des un augurio de buen tiempo para las fiestas, el pedido viene de lo más alto ─dijo como si escupiera las palabras, consciente de que cometía un sacrilegio por la sola razón de la obediencia. En este caso era el mismísimo Todopoderoso y declarado deidad única el que enviaba un mensaje pidiendo a sus sacerdotes que se comunicaran con esta despreciable divinidad secundaria. Los tiempos han cambiado mucho, pensaba, desde la época de la estricta observancia; la crisis es tal, con los recortes y reducción del presupuesto, que llegó a los cielos y hasta los monoteístas se vieron obligados a tercerizar.

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