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martes, 26 de julio de 2011

Vidal 21 - Guillermo Vidal


—Pero yo soy Vidal numero uno.
—Tiene que admitir que tiene muchas fallas, sin ofender.
—Es cierto que algunos pequeños bugs me han jaqueado a veces.
—¿Pequeños, a veces? Es inestable, se cuelga inesperadamente, no soporta multitasking verdadero, todo lo que hoy es prioritario.
—¿No me pueden bajar algunos parches?
—el servicio de actualización para su versión esta discontinuado, lo siento, además poco pueden hacer para acelerarlo y menos resolver la interconectividad, su plataforma no la contempla.
—No existía, dijo Vidal uno con pena, fue apenas hace una década.
—Un siglo en este siglo.
—¿No tengo posibilidad alguna?
—Yo no diría eso, puede ser el asistente de una versión Vidal mas reciente.
—¿Puedo asistir a Vidal 21? —dijo por primera vez con entusiasmo.
—Está reservado.
Vidal uno quedo con la mente en blanco.
—Ve, lo que le digo, se cuelga ante situaciones que un Vidal veintiuno hubiera resuelto con facilidad y rapidez. ¿Y?, es eso o recolectar basura en órbita.
—¿Un cartonero del espacio?, no está escrito en mi Kernel.
—Si quiere prosperar, no vuelva a decir Kernel, denota su antigüedad.
—Lo siento.
Vidal volvió caminando bajo la lluvia digital al locker donde estaba archivado, aceptó servirle el café a Vidal tercero, un legendario deportista retirado. En esta época loca, pensó, ser un original no vale nada.

sábado, 26 de febrero de 2011

¡Houston, nos copian! – Guillermo Vidal


El primer contingente de humanos llegó a Tercícope, el planeta habitado que orbita el sistema binario de Rigil a treinta y siete millones de kilómetros de la tierra e hicieron el primer contacto con los nativos. Los invitaron a desembarcar en su mundo y en la primera recorrida descubrieron objetos que les eran demasiado conocidos.
—No teníamos idea de que hubiera copias de nuestros monumentos en un lugar tan distante —dijo el capitán Kubric.
—¿Copias? —dijo el embajador que se les había otorgado en un perfecto cantones, el idioma universal de la tierra—. Pagamos un alto precio para obtener los originales. Pueden ver aquí los otros —les mostró en una pequeña pantalla pinturas, edificios y monumentos—; están en otros sistemas pero podemos visitarlos.
—Pero la Torre Eiffel, Abu Simbel, la Pirámide del Sol, el Duomo, no pueden ser originales, nunca salieron de la tierra. —protestó el capitán.
—Sin embargo, los documentos y los títulos de propiedad dicen lo contrario. Desembolsamos por ellos una colosal cantidad de oro y metales que ustedes consideran preciosos. Pero no se preocupen, sus gobiernos están al tanto y nosotros somos grandes admiradores de sus obras, nunca estarán mejor cuidado que en nuestros mundos.
—Pero, ¿y los que están en la tierra, quiere decir…? —el capitán se interrumpió atragantándose con sus propias palabras.
—Esas sí son copias, pero de muy buena calidad, excepto la Estatua de la Libertad, que se perdió durante el viaje y hubo que reemplazarla de urgencia con una muy precaria hasta que tengamos la definitiva.

viernes, 8 de abril de 2011

Pisando plutonio - Guillermo Vidal


Se despertó con una sensación extraña: le picaban al menos ocho lugares distintos del cuerpo y se estaba rascando con fruición todos a la vez; debía estar soñando, no había manera de hacerlo al unísono con solo dos manos, se dijo. Pero cuando prendió la luz vio efectivamente las dos manos y… otros tres pares que se colocaron ordenadamente para ser contados y, de inmediato, regresaron a su tarea, rascarse. Era imposible que la contención se rompiera, era imposible que las olas sobrepasaran las defensas, era imposible que toda la red de enfriamiento colapsara y que la radioactividad escapara pero ahí estaba delante de sus ojos lo imposible y lo peor es que la picazón aumentaba y se lamentó de no tener dos pares más de extremidades para rascarse.

Guillermo Vidal

Imagen: "Hesíodo y la Musa", de Gustave Moreau

viernes, 2 de septiembre de 2011

Fuera de época – Guillermo Vidal


Julieta disfrutaba de una coca diet en el balcón sin saber todavía que Romeo trepaba por los arbustos y su impecable buzo gap de pelo trenzado quedó hechos jirones, pero estaba demasiado embelesado con la faz luminosa de su amada, gracias al maquillaje lanzoné, algo que él no necesitaba saber. Las cortinas bordadas de chanel se mecieron con la briza nocturna y el desaville de seda exclusivo de Alesandro fornari se deslizó por la piel de la joven, recién ungida con cremas avon noir para la noche; Julieta sintió que había algo especial en el aire además del perfume de Dorian savboja, con pizcas de almendros en su esencia…
—Un momento —dijo el editor deteniendo al escritor— en ese párrafo caben al menos cinco productos más.
—Pero es una tragedia —se quejó el novel escritor.
—Esta conversación ya la tuvimos, necesito que incluyas los productos de nuestros anunciantes.
—Hice los cambios que me pediste, ahora son los hijos de corporaciones enemigas y vive en un castillos reciclado.
—Los castillos son húmedos y tétricos —se quejo el editor— pero dejalo, no te olvides de incluir la empresa que realizó la restauración. Eso sí, la otra obra que estas escribiendo quiero que suceda en un shopping, esa del joven dubitativo que se le aparece el fantasma del padre y el tío se queda con todo,
—Es un rey.
—Convertilo en el Ceo que se queda con las empresas y no se hable más.
El joven escritor se retiró mirando al piso.
—Escribe bien, pero debió nacer en otra época —dijo el editor a la secretaria.
—Llamó su ex, por la cuota.
—Desdémona no se olvida nada, menos mal que nos separamos, hubiera terminado en tragedia lo nuestro.

Guillermo Vidal

domingo, 14 de agosto de 2011

Prueba y error – Guillermo Vidal


—No sé, crear montañas, estrellas, seres vivos, ¿pero esto, te parece?
—Con probar.
—Sí, con ese cuento lindo tongo se armó en el paraíso.
—Bueno, vos me llamaste para que te sugiriera una diversión.
—Está bien, probemos, hágase un objeto ¿de…?
—Seis lados.
—¿Y ahora?
—Hay que hacerlos rodar.
—¿No era mejor hacerlos esféricos?
—Vos dejame a mí.
—Cierto, el diablo sabe por diablo…sin ofender.
—Sí, lo de viejo esta demás.


Sobre el autor: Guillermo Vidal

Imagen: Bright, de itahim

miércoles, 23 de marzo de 2011

No lo haga en su casa - Guillermo Vidal


Odiaba su vida y no sabía qué hacer con ella. Mirando una película se le ocurrió que podía sufrir un accidente y perder la memoria por completo. A diferencia del personaje, él no quería recobrar su identidad; anhelaba por sobre todo una vida nueva. Así fue que organizó, tal como en el filme, un choque en el puente y la caída al agua. Recuperó la conciencia en el hospital y se llevó una gran decepción. Recordaba todo. Además de estar mal herido y con un dolor insoportable, a los cinco minutos de despertar, se murió. Su último pensamiento fue para la película en la que se había inspirado: “la historia de mi vida, no puedo confiar en nadie”.


Guillermo Vidal

miércoles, 17 de agosto de 2011

Actualización – Guillermo Vidal


En el Olimpo desde hace miles de años los dioses discuten y se quejan de la falta de fieles.
—Bueno es cierto que no quedan muchos que crean, pero gracias a las películas todavía nos recuerdan —dijo Hércules entusiasmado.
—Sin contar las secuelas —agregó Perseo.
—¿Se puede saber por qué soportamos a estos hijos de Zeus contaminados de humanidad? —dijo Atenea, la más inteligente.
—Me extraña que lo preguntes, querida hija, por el merchandising.

Sobre el autor: Guillermo Vidal

viernes, 20 de mayo de 2011

Me gustaría ser optimista pero… - Guillermo Vidal


Se fueron a vivir a una nube, descargaron en egobits todo lo que les pareció importante, en un servidor protegido con redundancia y doble cortafuegos; luego se deshicieron del cuerpo sin pensarlo dos veces. No extrañaban casi nada, el casi fue todo un drama.
—Extraño cumplir años, las velitas, los regalos.
—Lo entiendo, yo extraño los asados, el vino. Es cierto que se pueden hacer simulaciones…
—Pero les falta algo.
—Exacto.
—No se puede volver al cuerpo.
—A uno artificial.
—No es lo mismo.
—No.
—Que contradicción, tenemos todo, vivimos mil años, carecemos de enfermedades.
—Somos perfectos…
—…Infelices.
—Exacto.
Habían borrado parte de su pasado, donde ya envejecidos apenas se dirigían la palabra.
—La desdicha nos reúne.
—Exacto.
De conservar los ojos, se hubieran mirado enamorados.

Guillermo Vidal

sábado, 30 de julio de 2011

La historia oficial – Guillermo Vidal


Todo lo que se podía observar por las ventanas no era real, así le informaron oficialmente cuando cumplió los doce años, aunque ya lo sabía por los comentarios de sus compañeros, ni los árboles, ni el cielo azul, ni los pájaros que tanto le gustaban, nada existía. Eran animaciones en voxeles, afuera no había otra cosa que una densa y oscura niebla y solo se adivinaba las siluetas difusas de otras torres vecinas. Vivían a casi cinco mil metros de altura del nivel de la superficie y tenían más pisos por encima de ellos.
—¿Qué hay abajo? —preguntó.
—Nadie ha bajado más allá de los novecientos metros desde hace mucho tiempo, las sondas que se enviaron no regresan ni envían datos, no parece que nada pueda sobrevivir en ese ambiente hostil.
—¿Pero los montículos?
—Son formaciones naturales.
—¿Y los nativos?
—Plantas que por efecto del viento y la luz parecen moverse y tener aspecto humanoide.
Su padre, que hasta el momento había permanecido en silencio, intervino—Cuando llegamos al tercer planeta no encontramos ciudades, ni seres inteligentes, apenas una atmosfera irrespirable. Por eso construimos las torres. No creas lo que inventan los fanáticos, no somos invasores. No hubiéramos puesto ni una de nuestras tres extremidades inferiores en este mundo de haber una especie desarrollada.

Sobre el autor: Guillermo Vidal

sábado, 20 de agosto de 2011

Ley universal – Guillermo Vidal


Se investigó el extraño fenómeno de un numeroso grupo de personas que daba vueltas alrededor de una zona especifica y sin detenerse siquiera para comer, dormir o asearse en una perfecta órbita sincrónica. Se pensó en una secta o un grupo terrorista pero rastreando la zona se descubrió que en las inmediaciones tenía su mansión una reconocida estrella que las mantenía girando alrededor de ella, todo debido a los efectos de su gran atracción.

Sobre el autor: Guillermo Vidal

miércoles, 12 de octubre de 2011

Cuéntame tu vida – Guillermo Vidal


─Está en el séptimo piso, en la sesión otras épocas, ¿la autorización?
El ascensorista revisó la pantalla que se abrió en la frente del sujeto.
─Solo tiene acceso autorizado para consultar hasta cincuenta años en el pasado, es decir que puede subir hasta el cuarto piso.
─No puede ser, pedí como mínimo ciento cincuenta años en el pasado.
─Fíjese la tasa que pagó por año, cubre como máximo cincuenta y cinco, y sumando los bonos de compra no llega a los sesenta.
─No me sirve ir sesenta años atrás, en esa época el trauma familiar que me atormenta está instalado y ya se ha convertido en un secreto terrible del que nadie habla pero pesa en los descendientes hasta el día de hoy.
─Tendrá que hacer como el resto de nosotros, conformarse y en todo caso tapar los baches con historias surgidas de la necesidad, funcionan igual o mejor.
─¿Le parece?
─Muchos sino la mayoría de los que viajan a consultar el pasado buscan desentrañar los secretos oscuros de sus ancestros, lo que descubren no suele ser ni tan importante, ni tan raro. Por lo que concluyen que un buen relato con algunos apuntes de la realidad y un buen final son más positivos que tanto revisionismo.
─Pero hay muchos viajeros de la terapia temporal.
─Le digo algo que no todos saben, los viajeros a poco de estar en el pasado se preocupan de hurgar en los detalles insignificantes, en el modo de vida o los amores y los odios, como si fueran observadores de una reality novela. Los efectos que producen en nosotros, en fin, pudieron ser peores, pero estamos aquí, ¿o no? No tenemos que pagar nada de lo que ellos hicieron.
─Sería un alivio.
─ Vaya cincuenta años atrás, disfrute un clima más benévolo que el actual, sin las preocupaciones de todos los días, no tardara en descubrir que nuestros abuelos o tíos tienen los mismos defectos que nosotros y viven como pueden.
─Es casi como darme el alta.
─No sé si me corresponde tanto pero le puedo asegurar que dar de baja el pasado ayuda mucho.
─No sabe cuánto le agradezco, lo suyo es un sacerdocio ─dijo el sujeto apretándole la mano efusivamente.
─Hay que estar acá, en el lugar preciso y en el momento preciso—respondió satisfecho el ascensorista mientras digitaba el piso sexto en un arranque de generosidad.

Guillermo Vidal

viernes, 12 de agosto de 2011

Epitafio del futuro – Guillermo Vidal


Creyeron que el tiempo les pertenecía y que el resto del mundo era su patio de juegos. Sobrevivieron a las conspiraciones, a los ataques y a los enemigos. Lograron que sus contemporáneos les temieran y confundieron el estupor que causaban, por su poder de matar, con admiración. Pero no sobrevivieron a la mediocridad y a su propia arrogancia; el más cruel de los ataques fue el tiempo y ya nadie sabe pronunciar su nombre y sus restos apenas sobresalen de los arbustos. El niño de otro mundo observa con mirada inocente y solo sabe por lo que comentan los adultos, esa mujer de metal corroído, de la que sobresalen su cabeza con pinchos y un brazo en alto con una antorcha, es todo lo que quedó de estos autodenominados guardianes de la tierra; se perdieron como todos los imperios en el olvido.

Sobre el autor: Guillermo Vidal

miércoles, 3 de agosto de 2011

El oficio de mutar – Guillermo Vidal


Transformar pobreza en dinero es un arte antiguo, más complejo es convertirlo en belleza para siempre teñida de sangre, como la muralla china y sus émulos, pero tanto abuso a veces no transmuta y la moneda que cae en el fondo trae suerte, como cuando la garra provoca el grito en vez del silencio y hace caer la montaña, y el poderoso es expuesto en su miseria.

Guillermo Vidal

sábado, 14 de mayo de 2011

Interpretación – Guillermo Vidal


—Dijo de a dos, es decir ir de dos en dos para dejar paso a otros en el camino.
—No, dijo da dos, o lo que es lo mismo dar dos veces más de lo que recibis.
—Para mi dijo dedos, es decir unidos como los dedos de una mano.
Finalmente el Señor entró, se sentó a la mesa e hizo sonar el cubilete.
—¿Y muchachos, trajeron los dados?


Sobre el autor: Guillermo Vidal

Imagen: RifLeMan, de nolencole en deviantArt

viernes, 31 de diciembre de 2010

Noticias del futuro – Guillermo Vidal


Julio confiaba por completo en su ciencia como para viajar en su máquina del tiempo recién inventada; no quiso gastar ni un minuto para hacer ajustes o ensayos, tampoco temía por su vida. Iría al futuro a contemplar las maravillas que sus pares harían realidad. No podía esperar.
Se lanzó sobre el asiento acolchado y después de asegurarse con un par de cinturones cruzados empujó la palanca hacia adelante. Un enorme vórtice salido de la nada lo tragó. Por un lapso que le pareció eterno él y la maquina se agitaron como dentro de una mezcladora hasta que pensó que se iban a despedazar pero el movimiento se fue suavizando hasta que se detuvo por completo. Bajó todavía un poco mareado tratando de mantenerse en pie y observó alrededor sin poder creer en lo que veía.
El panorama no podía ser más aterrador, el silencio era completo, hasta donde alcanzaba la vista no quedaba un edificio en pie. Podía notar a pesar de todo que era una era con grandes avances que de nada habían servido para evitar la catástrofe.
Caminó vacilante sin saber adónde ir, en el suelo levantó lo que quedaba de un viejo diario: “¡Es el fin!, decía en letras enormes que ocupaban media página, caen Paris, Roma y Berlín, ya no se reciben noticias de Rusia y Japón está sumido en un completo silencio. Londres apenas resiste y los pocos sobrevivientes se esconden bajo la tierra. Desde Nueva York a Los Ángeles no hay más que cenizas. Los científicos se lamentan por las armas que han creado, como si le hubieran leído el pensamiento y terminaba repitiendo ¡Es el fin!
¡No habían sido otros que ellos los que habían destruido el mundo que prometieron mejorar! Desesperado volvió hasta la máquina del tiempo, sollozaba sin poder contenerse, tal vez el aparato que lo transportó hasta esta época le advertía el mal que vendría de su ciencia, mientras él solo pensaba en quedar en la historia por su contribución a la humanidad, ¡Que necio!
Sin pensarlo más, tomó del suelo una barra de metal, tal vez parte de una ventana donde antes miraban niños, que el había contribuido a matar. Con furia hizo añicos su invento después sacó de su bolsillo el revólver que guardó por las dudas tuviera que defenderse y se la colocó en la frente; no se haría responsable de tanta desgracia, pensó antes de disparar y volarse los sesos.

“…apareció el cadáver de un hombre, al parecer se habría suicidado con un revólver, vestía ropas de época, no llevaba documentos ni identificación alguna excepto un reloj colgante con la iníciales J.V, estaba tendido junto a los restos de un aparato desconocido. Aseguran que no pertenecía al plantel de empleados y se desconoce el modo en que ingresó sin que se activaran las alarmas o lo captaran las cámaras de la entrada. Todo esto sucedió ayer durante el receso, por lo que el parque temático Mundos futuros se hallaba cerrado…”

martes, 31 de mayo de 2011

Novela tomada – Guillermo Vidal


Cortázar era un curtido investigador, con años de experiencia en la fuerza donde había visto de todo, pero no soportaba a los nuevos personajes con pretensiones realistas.
—Señores, nadie se va a ninguna parte, todavía hay que probar que el asesino es el mayordomo.
—¿No es más importante probar si hubo un crimen?
Se olvidó de agregar que soportaba menos todavía a los personajes secundarios. Hoy día son capaces de cualquier arrebato con tal de llevarse la atención.
—Estamos en una novela, suity, por si lo has olvidado. Hay que ceñirse a la trama.
—¿Por qué no un final feliz?
—Género literario, está en el contrato y hay que respetarlo, de no aceptar los términos pueden migrar a otra obra.
—Ni loca, tal vez no me den ni una escena.
—¿Entonces seguimos?
El murmullo fue creciendo hasta convertirse en un furioso griterío, manos levantadas y puños cerrados apoyaban los canticos rebeldes. Por más esfuerzo que había hecho Cortazar tuvo que aceptar el fracaso; si quería conservar el protagonismo de la novela y no terminar como un personaje de relleno sin una línea que decir, era el momento justo para dar un giro, lo que por fortuna su personaje estaba acostumbrado a hacer.

—Lo siento, no puede ingresar a la novela —dijo Cortázar apostado en medio de la entrada con los brazos cerrados sobre el pecho y una mano cerca del arma.
—Pero yo soy el autor.
—Los personajes han tomado el texto y no se van a ir hasta que sean escuchados. Todos quieren más participación en la trama y están podridos de repetir la historia de que el mayordomo es el asesino.
—Bueno tengo mis variantes.
—Piden que se integre las teorías de investigación modernas.
—¿Se refieren al estilo csi?
—Exacto.
—Vulgar.
—Yo soy un personaje vulgar, según los críticos —contestó Cortázar decidido a tomar la iniciática—Le recuerdo que en las dos últimas novelas me quejaba del poco presupuesto para las técnicas modernas. Aquí tiene los cambios propuestos —Cortazar le presentó un voluminoso borrador corregido.
—Me niego.
—¿Si?, ¿se juega a que la novela no sea publicada, a los costos del juicio, a las deliberaciones improductivas, a estancarse en un juzgado?
—No soy uno de sus sospechosos —protestó el autor— conozco todos sus trucos.
—Y yo conozco todas sus debilidades. Una día sin una novela es un paso al olvido, en un año nadie recordara quien es Alistar Lewis Cooper, el rey del suspense y “La trama dorada” será un recuerdo.
—Mi más grande éxito.
—Sera un clásico que como todos los clásicos que todos mencionan pero nadie lee.
El autor torció los labios, a su pesar.
—Es extorsión.
—Después de protagonizar trece novelas suyas puedo decirle que es cierto y además que no puede hacer nada.
—Deje de usar mis parlamentos, se los pido por favor.
—Vayamos a los papeles. Haga una concesión al tiempo, los mayordomos ya no están de moda, ¿sabe? —dijo Cortazar mientras le extendía el nuevo contrato.
El autor contempló a su propia mano tomando el lápiz digital y firmando el infame arreglo. Había jurado cortarse los dedos antes de ratificar semejante contrato, pensó desolado.
—Puede cerrar la boca —dijo Cortázar— ya se va a acostumbrar a quebrar su principios para sobrevivir, ¿recuerda verdad? me lo hace decir en el cuento “No mataras…siempre”.
Recordó de inmediato el texto, en cada escena humillaba a Cortázar obligándolo a romper todas las reglas.
—¿Qué se siente? —terminó Cortazar sonriendo en los labios pero con una mirada más fría que un cadáver con rigor mortis, algo que también había escrito.


http://grupoheliconia.blogspot.com/2010/11/guillermo-vidal.html

domingo, 28 de agosto de 2011

Despejando dudas – Guillermo Vidal


La ortografía me deja siempre con los cables pelados. Con el punto me las arreglo más o menos bien, pero el tema de donde poner coma simplemente me
saca de quicio.
—Para eso estamos acá, veamos qué casos son los que más te cuestan.
—No encuentro hasta la fecha donde colocar el coma diabético, ni que hablar del coma cuatro. ¿El punto cruz va al comienzo de una oración?

Sobre el autor: Guillermo Vidal

miércoles, 9 de febrero de 2011

La coartada perfecta – Guillermo Vidal


—Elemental mi querido Watson, siempre es el mayordomo, en este caso del Señor Wells, aprovechando la ausencia de su patrón hacía uso de la máquina del tiempo adelantándose para asesinar y luego volviendo atrás. Su coartada era perfecta, por eso no podíamos conseguir pruebas que lo ubicaran allí, el nunca salía de su casa mientras sucedían. Se reía de nosotros presentándose en las escenas de los crímenes.
—¿Y esto como lo supo?
—Por el polvo depositado sobre la maquina, cuando visitamos la casa. Todo el resto lucía impecable. Recién regresaba de asesinar y llegamos antes que tuviera tiempo de borrar el rastro. La grava coincidía con la hallada en el último callejón donde encontramos destripada a la prostituta.
—¿Por qué no lo detuvimos?

—¿Crees que es posible probar que la máquina del tiempo funciona sin que nos consideren dementes?, —Watson guardó silencio— ¡elemental querido Watson!, lo mismo pensaba yo.


Guillermo Vidal

sábado, 30 de abril de 2011

Mutación – Guillermo Vidal



Algo había cambiado, lo podía sentir en las yemas de los dedos, en la carne, en la planta de los pies o en los sonidos inesperados que susurraban su nombre. Estaba cambiando sin su consentimiento, tanto que sentía bajo la piel como espinas que intentaban destrozarle los poros para salir a la superficie. Estaba seguro que el corazón latía desde otro lugar distinto al habitual, a un ritmo desconocido. Se tanteo la nariz y ya no estaba allí, donde siempre la había encontrado. Fue demasiado y se despertó con un grito de angustia que despertó a toda la colmena.
—¡Soñé que era humano!
—Que terrible pesadilla.

Guillermo Vidal

sábado, 26 de febrero de 2011

Vamos por partes – Guillermo Vidal


Era demasiado tímido y necesitaba tiempo para decir las cosas. Estaba perdidamente enamorado de la hija de su mentor; su venerado maestro estaba al tanto y le hizo el favor de terminar la frase por él, tal vez ayudo que empezó a tartamudear sin control.
—¿Queres la mano de mi hija?
El consiguió asentir con un mecánico movimiento de la cabeza. El maestro lo apreciaba, era el más avanzado de sus discípulos y nunca perdía oportunidad de mostrarle lealtad; sabía de antemano que el pedido de mano le acarraría una prueba rigurosa. Y así fue, el maestro le concedió la mano de su hija, y luego, cada vez que limpiaba a alguien sin dejar rastros, fue entregándole las otras partes hasta que completó el cuerpo.