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domingo, 31 de julio de 2011

La vida tiene un precio - Isabel Mª González


Quiso ser humano: aprendió a mentir. No tardó en darse cuenta de que sería el único que no podría permitirse el lujo de hacerlo sin ser descubierto. Era tan difícil no mentir nunca, si incluso tenía que mentirse a sí mismo para poder seguir viviendo. Hoy, apesadumbrado, observa como su nariz se pierde en el horizonte sin que pueda hacer nada por evitarlo. Allí se le pone el sol, allí le sale la luna, y allí se queda dormido soñando despertares de maderas finas.

martes, 7 de junio de 2011

Sexo, mentiras y … - Isabel Mª González



Al fin aparece por la puerta exultantemente atractivo. Martina, contrariada, frunce el ceño; no era su impuntualidad lo que le más le molestaba, sino su incapacidad para enfadarse con él. Su excusa, de lo más inverosímil, zumbaba ya lejana en sus oídos mezclándose con los gemidos ambientales de su primer orgasmo: “Francamente, querido, no me importa lo más mínimo”.

jueves, 19 de mayo de 2011

Eva siempre lo supo - Isabel María González


Se comió la manzana que ella le ofrecía convencido de que así podría poseer a esa mujer desnuda y bella que había sido hecha para él pero que por alguna extraña razón tenía que conquistar primero. Cuando ya sus cuerpos yacían extenuados y laxos de placer, Pedro empezó a temblar. Sorprendido ante aquellas desagradables sensaciones de hambre y frío que jamás había sentido, se olvidó por completo de las curvas femeninas de su mujer que insistían en insinuarse. Desesperado buscó comida y refugio donde guarecerse, tareas que en adelante nunca podría descuidar. Eva, que fingía dormir con la misma astucia con la que momentos antes había fingido el orgasmo, casi podía notar como la semilla de su primer hijo se abría camino en su interior.
Adán sería expulsado, ese fue el pacto, y ella tomaría el poder; se constituiría en el origen matriarcal de un mundo hecho a su imagen y semejanza. Fue su intuición, como siempre, quien la alertó: con Adán al frente, el mundo sería un desastre. A cambio le prometió a Dios perpetuar, hasta donde pudiese, la absurda leyenda de su Creación.

miércoles, 18 de mayo de 2011

NASA, mentiras y cintas de vídeo - Isabel María González



Sentado en el porche, mientras encendía el primer cigarrillo del día, Neil recordó con tristeza el comunicado de prensa, “Cancelado proyecto Constelación,(...) en la luna ya estuvimos”. Sabía que acabaría pasando desde que Obama se hizo con la presidencia. Con Bush había sido más fácil, había seguido alimentando su sueño de alunizar: esta vez de verdad.
Su silencio comprado con más dólares de los que podría gastar en tres vidas, resultó ser un gran paso adelante para unos cuantos hombres y un gran salto atrás para la humanidad. Houston, tenemos un problema.

domingo, 1 de mayo de 2011

Deformación profesional – Isabel María González


Maribel y yo vinimos aquí a descansar tras la exitosa presentación de mi novela. Tenerife, descanso merecido después de haber trabajado ininterrumpidamente casi dos años en ella: horas y horas de intenso desgaste emocional, de revisiones, correcciones, de soledad necesaria, de aislamiento, de insomnio, de celibato impuesto por ella, harta ya de ser la viuda de mis encierros y  la chacha de mi escribir obsesivo. Un merecido descanso fue muy bien acogida por la crítica seis meses después. Las ventas me ayudaron a pagar los enormes gastos de su divorcio y de las pensiones de sus hijos.

miércoles, 20 de abril de 2011

El zombi - Isabel María González, Gabriela Baade, Héctor Ranea, Fernando Puga, Ricardo Giorno, Jorge De Abreu, Marcos Zocaro & Sergio Gaut vel Hartman


El muerto salió del sepulcro, con los pies, el cuerpo y las manos aún vendadas. Miró a ambos lados y tras asegurarse de no ser visto, se encaminó al desierto. Era el único entre sus pares cuyas facciones eran perfectas. Podía pasar por actor. ¿Dónde encontraré alimento?, se preguntó con la angustia en sus ojos de recién nacido. Se adentró aún más en el desierto y ahí reconoció a la serpiente.
—¡Tanto tiempo, noble señor! —dijo la serpiente, sibilante—. ¿Vuelvo a tentarte?
—¿Tentarme? —preguntó mirándola con sus ojos huecos—. Nada me tienta ahora. Salvo… —Se quedó pensativo.
—¿Salvo? —lo apuró el reptil, con sus ojos inyectados en sangre.
Una sonrisa se dibujó en el rostro del resucitado. —Salvo que decidamos asociarnos y fundar una nueva religión.
—¡Hecho! —exclamó la serpiente—. Lo único que lamento es no poder sellar nuestro pacto con un apretón de manos.