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lunes, 30 de mayo de 2011

El elfo que se convirtió en dios - Claudio Leonel Siadore Gut


Logró tomar el plano astral montado en su araña. El elfo paciente hilvanó una red esférica e indestructible con los hilos de plata de toda la humanidad, tañó su laúd dulcemente ... y las cuerdas del mundo vibraron a la vez desde el centro de todas las cosas. Los ríos crecieron, los pantanos se poblaron de fuegos feéricos, y las hiedras clamaron su trono sobre los rascacielos. Poco a poco animales y plantas tuvieron voz y las piedras despertaron de sus sueños funerarios, algunas volvieron a ser dragones.
Y los hombres… los pequeños hombres durmieron plácidamente hasta secarse como sapos, y no hubo príncipe azul que los pudiera liberar.
Luego la araña desobedeció, pero eso es otro cuento.

sábado, 14 de mayo de 2011

Cuento de hadas - Claudio Leonel Siadore Gut


El hada cerró el libro y acarició su lomo de cuero azul. Miró por la ventana al horizonte, al crepúsculo que se desmoronaba en pepitas de nieve.
Se acercó volando a la cama de su hija que esperaba ansiosa.
—¡Mamá —se estremeció—… tengo miedo de los hombres!
Afuera, el Rey Elfo soplaba canciones a las ruinas de la Luna. La madre apoyó el libro en el atril de su pecho.
—No te preocupes, hija —sonrió—, los hombres no existen.


Imagen: tHe oRiOn, de nolencole en deviantArt

miércoles, 27 de abril de 2011

Visiones - Claudio Leonel Siadore Gut


No hay que ser un gran profeta de la historia para ver el futuro en los espejos, portales a través de los que fantasmagorías violentas irrumpen en nuestro ambiente con mensajes absurdos, interpretados al antojo de quien pule el discernimiento.
En nocturnas ocasiones, corrientes arcanas asoman sus cabezas desde el marco del espejo y nos miran mientras dormimos. Momentos como esos nos procuran pesadillas, sus caras en nuestra conciencia turba el alma, porque son parte de nosotros. Los espejos reflejan lo que nos importa y preocupa, siempre.

sábado, 16 de abril de 2011

Página en blanco - Mónica Ortelli, Miguel Dorelo, Fernando Puga, Carmen Ruggero, Alejandro Domínguez, Claudio Leonel Siadore Gut., Marcos Zocaro, María del Pilar Jorge, Jorge De Abreu & Sergio Gaut vel Hartman



Tenía sesenta años y había leído mucho. Su vida, aunque larga, no había sido fructífera. Según consideraba, todavía no había podido escribir una página decente. Esa era su persistente maldición. —No voy a darme por vencido —se dijo mirando desafiante la inmaculada hoja en blanco. Pero en ese momento, su vida le pasó por la mente, vacía como esa página. Fue entonces cuando descubrió el extraño jeroglífico en el doble fondo del cajón del ropero. Eso es, pensó, escribiré un cuento sin utilizar letra alguna; usaré únicamente símbolos y dibujos.
Las sombras acechaban desde los rincones, la puerta del armario se abrió despacio; gruñendo consonantes se materializó el viejo brujo maya, el que años atrás, en las ruinas de la que una vez había sido una antigua ciudad, le explicara el significado de los jeroglíficos.
—Lo has comprendido: ambos somos dos jeroglíficos dibujados en la misma página en blanco.

domingo, 27 de marzo de 2011

Los vecinos – Claudio Leonel Siadore Gut


La carnicería estaba colmada de vecinos, era navidad, la época de buscar encargues y pagarlos. La música de siempre sazonaba la espera: quejas, gruñidos, suspiros y la risa de Cacho, el carnicero, por sobre todas las cosas.
—¿Quién es el último?
—¡Vo’! —escupió Nilda mirándome de reojo sobre su hombro.
—¡Qué pedazo de salame! —pensé, —¡me lo merezco!
Esa turba de bestias con ruleros y engendros de camisa con pantalones deportivos cada vez gruñía más fuerte, y se movían brazos y hacían gestos, como si discutieran algo, pero nada decían. Entrecerré mis ojos y aguzé el oído para adivinar qué estaban tratando de comunicar: “argh… chorros… negros… brrrarrr… danza… terrreeevisióon… caaarooo… sueldo… grruubbb…”
Entonces comenzaron los tambaleos y vómitos, los abrazos entre ellos, la carcajada bestial del carnicero, el murmullo de las mujeres, la protesta de los ancianos, entonces comenzaron a caer y a morder la carne del mostrador, y a morderse. No había pared sin mancha de sangre o vómito. El carnicero me enfocó mientras afilaba sus cuchillas. Miré hacia los rincones pensando en una posible cámara oculta, por la ventana se veían vecinos arrastrándose en la calle, o comiendo trozos de algún cristiano, pero todos a su vez parecían reír con risas de muerto.
—¡Es que son zombis! —me sorprendí al decirlo, y mi voz sonó como un comentario barato de película barata—. Quería comer un chorizo, nada más.
No podía moverme, el baile sangriento me abstraía, los vecinos se convirtieron en entes despersonalizados, y la cámara no aparecía. Reí. Entendí que si no reía la pasaría mal, me vino un dicho que escuché en algún lado: “Has como el resto de las vacas y sangra.”
Continué riendo.
Cacho me señaló con su chaira y una amplia sonrisa que devolví sin pensarlo. El charco de sangre llegó a mis pies, ya había varios muertos entre los zombis, y algunos pugnaban por salir a la puerta. Me sentí incómodo, entonces espabilé y como se me dormían las manos me retiré, trabé la puerta, trabé y me fui, me fui a casa esquivando manotazos, manos, riendo sinsin querer mentras los pies empezablan a tembarme, y lambre yegaba a boca.

lunes, 7 de marzo de 2011

Pacto - Claudio Leonel Siadore Gut


Terapia intensiva. Mi consciencia gota a gota se abrió paso entre hierros oxidados y viejos cerámicos. “¡Morfina!”. El enfermero ha sido generoso. “¡Más morfina!”. La última noche que recuerdo me hicieron una propuesta seductora: todo el placer que pueda soportar a cambio de mi vida. Cuatro mujeres me elevaron al verdadero gozo, con carne, mente, ama y muerte. El doctor, como buen burócrata del Cielo, dijo que fue un delirio, y que me autoflagelé. “Es peligroso que salga de esta institución”, mi voz se dispersa, “estoy muerto, en mi casa quedaron cinco cadáveres con cuatro fantasmas”.

Él respondió con un laberinto de frases escépticas. Dejé que desvaríe. Quedó en mi cuerpo el pacto escrito con uñas y sangre que invoca a los cuatro demonios del placer. Puedo elevarme sobre el mundo, trascender la humanidad cuando quiera, donde sea, y volver, a costo de nada. De nada.

jueves, 3 de febrero de 2011

El sueño — Claudio Leonel Siadore Gut


El abogado arreglaba la grifería, había goteado durante siglos, la grifería. Un aguacero sobre el tren por el que íbamos rodeados de expedientes. Estabas en algún lado, pero eras otra, y él no había notado tu presencia.
—El sueño expande el tiempo —renegó con la furia de una cascada.
—Si sos vago el último instante de tu vida se expansiona en un sueño, no vas, por lo citado, al Cielo. Resolución.
Sonreí porque lo descifré, pero él miró por el ojo de buey del camarote. Mar, blanco y negro, viejo.
—El agua es tiempo, se me agúa la sopor —vapor.
Sabía que el sueño culminaba y sazoné la angustia con sudor. Creo que abrí los ojos entonces. Era de noche y te habías ido, o no viniste. La grifería goteaba, y nada volvió a tener sentido.

martes, 25 de enero de 2011

Los cables - Claudio Leonel Siadore Gut


Los cables amanecen de poste a poste vibrando, se arraciman sobre las esquinas y desayunan pájaros, trepan de tapia en tapia, de techo en techo, de mano a mano, prendemos luz, prendemos radio, tele, y mientras se infiltran a la casa de al lado a través de un resquicio, desde el poste por el que llegan van segando los pedazos del día, y dividen la noche en parcelas.

sábado, 15 de enero de 2011

Arenga del Príncipe que iba a morir - Claudio Leonel Siadore Gut


¡Soldados y hombres libres! Allende las Montañas Nubladas, cruzando la Fortaleza del Bosque, las piedras y el fuego lloverán sobre nosotros, porque enfrentaremos al enemigo del final de todos los tiempos. Los engendros del Norte nos aguardan para humillarnos y esparcir sobre la roca nuestras vísceras aún palpitantes. Detrás del enemigo nos juran prosperidad los tesoros de los reyes que nos han dominado, las espadas de próceres que cayeron por nuestra causa, las capas de tantos santos y las columnas de los crueles templos de Oriente. ¡Marchemos con firmeza, hermanos, amigos! ¡Por nuestra tierra, nuestra familia, por nuestros dioses y los hijos de nuestros hijos! ¡Por el pan caliente, el vino fresco en la mesa y nuestras mujeres bien dispuestas! ¡Caminan hacia nosotros ataviadas con el alba, la libertad y la gloria! ¡El día del sacrificio llegará con el grito de los profetas! ¡Pero hoy no es ese día! ¡Volvamos a casa! ¡Volvamos a casa! ¡Volvamos a casa!