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lunes, 17 de octubre de 2011
Lógica - Rafael Blanco Vázquez
Uno de los esbirros del gran jefe le dijo a su compañero:
—Me gustaría escribir un libro.
—¿Tienes la historia?
—Sería la historia de un tipo que no soporta salir de casa y de otro tipo que no soporta estar en casa. El primero es un intelectual, un reflexivo, un solitario. La gente le da mocos. El segundo es un activo, un tipo que necesita estar haciendo cosas rodeado de gente. La soledad le da acidez. Ambos quisieran ser quien no son, o sea el otro. Pero a su vez no les queda más remedio que estar orgullosos de lo que son. Y en esta dicotomía se les va la vida.
—Mola tu historia. ¿Por qué no la escribes?
—Pues porque soy gángster.
—Ah, claro.
Sobre el autor: Rafael Blanco Vázquez
jueves, 13 de octubre de 2011
Tedio - Rafael Blanco Vázquez

Nunca le pasaba nada.
Vivió en ciudades varias, países diversos, continentes dos. Trabajó de profesor, de traductor, de intérprete. Frecuentó a cineastas, escritores, músicos, escribió libros, cine, teatro, actuaba, producía, posaba para fotógrafos. Conoció el bullicio de la ciudad y la calma del campo. Tuvo épocas de mucho éxito con las mujeres y épocas de fracaso total. Conoció la brutalidad del deseo y la tristeza de su ausencia. Pero nunca le pasó nada.
¿Cómo quitarse de encima la plomiza sensación de que no pasa absolutamente nada?
Rafael Blanco Vázquez
martes, 4 de octubre de 2011
Como te lo digo - Rafael Blanco Vázquez

—Mi hijo se llama Jacinto y es un mastuerzo. Mi hija se llama Rosa y es un cardo borriquero. Mi marido es un alcornoque se llame como se llame, que por cierto se llama Acacio. Y aquí me tienes, perdida como una niña en medio del bosque.
—Pues mi hijo se llama Perfecto y es un perfecto imbécil. Mi hija se llama Inmaculada y es más puta que las gallinas. Y mi marido, que me odia, se llama Amador.
—Ay, Angustias, de verdad. Qué vida ésta.
—Fíjate que la Consuelo no para de llorar porque su hija le ha puesto a su bebé Iluminado y ahora resulta que el pobre es ciego.
—Yo es que vamos.
jueves, 29 de septiembre de 2011
Amigos - Rafael Blanco Vázquez

Érase una vez dos amigos que eran tan amigos que eran muy amigos.
Eran realmente grandes amigos.
Hasta que siendo los dos muy viejos, se murieron.
Tenían cada uno más de cien años, de forma que entre los dos tenían más de doscientos.
Y la gente comentaba: hay que ver lo amigos que eran.
Yo escuché a uno comentar: es que eran tan amigos que si hubieran sido más amigos habrían sido tan amigos que habrían sido muy muy muy amigos, que es exactamente lo que eran aquellos dos amigos.
Recuerdo que aquel testimonio me conmocionó tanto que si me hubiera conmocionado más me habría conmocionado tanto que me habría muerto de la conmoción, y entonces a ver quién se pone aquí a contarles esto, eh, a ver.
Sobre el autor: Rafael Blanco Vázquez
Imagen: Wasabi, de Stage3R en deviantArt
martes, 13 de septiembre de 2011
Vuelta atrás - Rafael Blanco Vázquez

Tu madre es un torpedo, la mía es una petarda, la de tu amiga Merche es un coñazo, la de mi amigo Fabilio es una estúpida, la de tu ex novio Eloy es una imbécil, la de mi ex novia Omara es una infeliz, y eso por no hablar de nuestros padres: el que no es un borracho es un hombre de negocios siempre alerta, o tiene bigote, o sólo sabe gritar, o sólo sabe callar, o sólo escucha canciones de su infancia. Míranos a nosotros: tú eres una obsesiva, yo soy un histérico, Merche es una engreída, Fabilio es medio autista, Eloy es un desgraciado, Omara es un cúmulo de complejos. No, de verdad, me encantaría que pudiéramos engendrar búhos, jirafas, cachalotes. ¿No sería hermoso un parto universal que acabase por siempre con la conciencia?
Tomado del blog: El hamster y otros cuentos
Sobre el autor: Rafael Blanco Vázquez
martes, 6 de septiembre de 2011
El reloj de péndulo - Rafael Blanco Vázquez

Un tipo va por la calle, pero la calle está llena de tipos. Tipos de todo tipo. El tipo se angustia y se vuelve a su casa, donde también se angustia. Todo tipo de angustias se abaten sobre el tipo. ¿Qué tipo de vida es ésta?, se angustia el tipo. El tipo sigue yendo de la calle a su casa, sin saber qué hacer con tanta angustia.
Un día conoce a una tipa. No parece angustiada. El tipo se emociona y aparca sus angustias, que reaparecen cuando más tranquilo está. De pronto, el tipo y la tipa se angustian mutuamente, y todo se vuelve un lío que ninguno de los dos es capaz de desanudar.
Ahora sí que el tipo ya no sabe qué hacer. Entre la angustia de la multitud y la angustia de la soledad parecía haber un remanso, pero las aguas del remanso se han enfurecido y el tipo, que no sabe nadar, consigue salir a flote sin entender nada. ¿Qué tipo de oleaje es éste que deja salir a flote a un tipo como yo?, se sorprende el tipo, que tiene una pregunta para cada tipo de situación.
Cuando quiere darse cuenta, el tipo ha aprendido, digamos, a oscilar entre las tres situaciones: a veces se da un atracón de multitud, a veces se encierra hasta el hartazgo, a veces vivir de a dos parece ser placentero. A veces el tipo hace tríos: multitud, soledad y tipa. Pero el tipo se angustia haga lo que haga, así que el tipo decide que es lo que hay, y así se lo dice a la vida:
—Cuando tienes razón tienes razón.
Y el tipo deja pasar la vida entre angustias sin remanso y remansos de angustias escondidas. Fuma cigarrillos, bebe alcohol, juega al fútbol y cena con amigos. En ocasiones se le olvida que la vida tiene razón y se deja llevar por ataques de ira de un negro insondable. De tanto en tanto conoce a grandes tipos pero siempre tiene presente la frase de La Bruyère, que decía: “Cuanto más se acerca uno a los grandes hombres, más cuenta se da de que son hombres”.
Sobre el autor: Rafael Blanco Vázquez
jueves, 1 de septiembre de 2011
Máscaras - Rafael Blanco Vázquez
Se ponían guapos (o feos).
Todo lo usaban para seducir: sus lecturas, su acento, sus opiniones (también sus silencios).
Los había que se emborrachaban (los había que no).
Los había que practicaban el humor, pero la seriedad también funcionaba (y la timidez).
Algunos hacían todo esto para no seducir, que era su manera de seducir.
Eran seres proyectados hacia fuera, inevitablemente pragmáticos.
La muerte les horrorizaba y el horror era seductor.
Lloraban por táctica, reían con técnica, amaban con método, odiaban por cálculo.
Su crueldad era candidez, su candidez fórmula.
Pero todo era inútil.
Mi pregunta favorita, de todas las que les conozco, es: ¿cuál de los dos está mal definido, el misil más infalible o la fortaleza más inexpugnable?
Sobre el autor: Rafael Blanco Vázquez
Ilustración: "Naturaleza muerta con máscaras III" de Emil Hansen
miércoles, 24 de agosto de 2011
Bares - Rafael Blanco Vázquez

Miró por la ventana del bar.
Afuera hacía sol.
Adentro había empezado a sonar Wish You Were Here de Pink Floyd.
Era uno de esos momentos en que una dulce melancolía te cosquillea el vientre. Miras hacia atrás sin ira y hacia delante sin miedo.
De pronto se tiró un pedo y esperó que no oliese.
Siempre se cagaba en la poesía justo después de la poesía.
Sobre el autor: Rafael Blanco Vázquez
martes, 23 de agosto de 2011
Antes de morir - Rafael Blanco Vázquez
Yo estaba muy borracho.
Me echaron del bar a patadas.
Me quedé dormido en el suelo, hecho un despojo, con la cara llena de sangre.
Una mujer que pasaba por allí me reanimó. Me dijo:
—No puedo con usted, pesa usted mucho. Haga un esfuerzo por levantarse y vayamos a mi casa.
Una vez allí, sin perder un segundo, me preparó un baño de agua caliente. Me desnudó. Me avergonzó oler tan mal, pero ella actuó como si nada. Me enjabonó de la cabeza a los pies. Nunca una mujer me había tocado así, sin ningún reparo. Era maravillosa. Me lavó los huevos como si me lavara los brazos, pero sabiendo que eran los huevos. Me vomité encima. Sin hacer la menor mueca, me limpió los vómitos y me dijo:
—No se preocupe. Son cosas que pasan.
Lloré. Lloré como nunca había llorado. Lágrimas como berenjenas. Ella se puso a cantar:
Ay, agua del canto
Se escapa por las grietas de mi quebranto
Yo miro por ellas
La lumbre de los rayos y las centellas
—Eso es de Juan Perro —alcancé a decir.
—Así es.
Cuando empecé a sentirme mejor, me ayudó a salir de la bañera. Me secó, me peinó, me perfumó, me vistió con ropa de hombre. Se me puso cara de ganador. Me entraron hasta ganas de fumarme un puro.
Fuimos a la cocina, tomamos café sin hablar, me ofreció cigarrillos que acepté, le ofrecí sonrisas que aceptó. Lamenté decirle:
—Tengo mucho sueño. Necesito dormir.
Se levantó de su silla y me llevó a la cama. Me arropó, me cantó:
Duerme zagal
No tengas miedo del frío
Con las ramitas del campo baldío
Encenderé un hogar
No llores más
Que los demonios se han ido
Pero quizá volverán si haces ruido
Y nos encontrarán
Eso también era de Juan Perro.
sábado, 20 de agosto de 2011
Pensando - Rafael Blanco Vázquez

—Pienso que de Cronenberg mi preferida es “La zona muerta”, de Peckinpah “La huida” y de Coppola “El padrino” (1 y 2). A veces las películas digamos menos personales son las mejores.
—Pienso que, en cada caso, a la que tú dices yo le añado una de las digamos más personales: “Crash” (Cronenberg), “Quiero la cabeza de Alfredo García” (Peckinpah) y “Apocalypse Now” (Coppola). Se trata, pienso, de una dicotomía interesante.
—Pues yo el otro día pensé algo y luego se me olvidó.
—Yo pienso que me voy a pedir un zumo de naranja natural.
—Y yo, porque pienso que me hace falta una buena dosis de vitamina C.
—¿No pensáis vosotros que Stephen King ha tenido pero que mucha suerte con sus adaptaciones cinematográficas?
—Yo no.
—Yo sí. Me encantan “Carrie” de Brian De Palma, “Christine, el coche asesino” de John Carpenter, “Cujo” y “Los ojos del gato” de Lewis Teague, la mencionada “La zona muerta”.
—¿Y qué me dices de “El resplandor” de Stanley Kubrick?
—No me gusta.
—Pues a mí sí.
—Pues a mí no.
—Pues a mí sí.
—Cuando digo que Stephen King ha tenido suerte es porque pienso que todas son las mejores de las estupendas filmografías de sus directores respectivos.
—Un aplauso para él y otro para ti.
—¿Y para ellos qué?
—¿Lewis Teague tiene una estupenda filmografía?
—Lewis Teague no.
—¿Entonces?
—Pero sólo tiene dos pelis buenas, las citadas.
—Chúpate ésa que viene tiesa.
—Las cosas como son, ahí te ha dado para el pelo.
—Pues a mí sigue sin gustarme “El resplandor”. Claro que a mí tampoco me gusta el fútbol.
—Pues yo pienso que me voy a ir a mi casa a hacerme unas patatas fritas con huevo.
—Tú ya te estás callando.
—Está bien. ¿Puedo pensar que vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero?
—Eso sí.
—Yo lo que pienso es que lo que tenéis que hacer es leer a Stephen King. Tanto hablar tanto hablar sobre sus adaptaciones.
—Uy qué pereza, pienso.
—Pues yo pienso que me encantan las palabras abedul y albiñoca.
—¿Alguien de aquí piensa que en Madrid no hay playa?
—Yo no.
—Pues yo sí.
—Yo pienso que de aquí a diez minutos todos los presentes me vais a comer a mí tol pijote. Y los huevos, además.
—Estaba yo pensando.
—A ver.
—Quien piense que yo he leído a Schopenhauer que levante la mano. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, ya me he perdido.
—Pienso que lo mejor será que hagas la pregunta al revés.
—Tienes razón. Quien piense que yo no he leído a Schopenhauer que levante la mano. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, oye, ¿tú no levantaste la mano antes?
—Así no vale.
—Es que este tío es un tramposo. Qué coraje me da, joer.
—Más coraje me da a mí la palabra pileta.
—Es fea de cojones.
—Yo pienso que por las razones que sea Robert Bierman dirigió una película maravillosa, “Besos de vampiro”, y luego nunca más se supo. Y que algo parecido le pasó a Joseph Minion, guionista de “Besos de vampiro” y de “¡Jo, qué noche!”
—Pues yo pienso que “¡Jo, qué noche!” la dirigió Scorsese.
—Pues yo pienso que no.
—No os peleéis, chicos, lo consulto en Internet. Sí, la dirigió Scorsese.
—Pues yo sigo pensando que no.
—Y Robert Bierman ha dirigido tres películas más.
—No se ha enterado ni él.
—¿Cómo no se va a enterar? A veces tienes unas cosas.
—¿Por qué es tan pobre la filmografía de Robert Harmon, director de la increíble “Carretera al infierno”? ¿La habéis visto?
—No.
—¿No habéis visto “Carretera al infierno”?
—No.
—¿No habéis visto “Carretera al infierno”?
—No.
—Yo sí.
—Qué sé yo, tronco, a lo mejor Robert Harmon, Robert Bierman y Joseph Minion no tenían nada más que decir. Robert Mitchum sólo dirigió una película.
—Y mi madre sólo tuvo un hijo.
—Qué manía con la cantidad.
—Es que la tengo pequeña.
—Que si hay que hacer carrera, que si el síndrome del escritor bartleby.
—Es que la tengo pequeña.
—La maldita diosa cantidad.
—Es que la tengo pequeña.
—¿Cómo de pequeña?
—Como la de mi hermana.
—Pobre.
—Sí, mi pene es un clítoris atrofiado.
—Qué marrón, tron.
—Pienso que tampoco es tan grave.
—Más grave me parece a mí lo de la palabra nosotros.
—¿Qué le pasa a la palabra nosotros?
—Que me parece horrorosa.
—No sé, a lo mejor es que nosotros la utilizamos mal.
—Chicos, ¿os habéis enterado de lo de Martín?
—No.
—Que una editorial le quiere publicar sus “Pensamientos”.
—Pues vaya una cosa. Así cualquiera. Es como si alguien publicase mis “Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones”.
—Y no sabéis lo mejor.
—No.
—Que se lo está pensando.
lunes, 8 de agosto de 2011
En sus manos - Rafael Blanco Vázquez

El masajista chino no habla mi idioma y con sus manos grandes, cálidas y sabias le está metiendo una soberana paliza a mi maltrecha espalda. No me ha hecho preguntas ni me ha pedido que me relaje, ya se está encargando él de relajarme a golpes. Tumbado en la camilla, me invade la sensación de que, si de pronto le diera por depositar un beso en mis labios resecos, me dejaría hacer, por la necesidad que tengo de un poco de ternura en estado bruto, sin una palabra.
Sobre el autor: Rafael Blanco Vázquez
miércoles, 20 de julio de 2011
Continuidad de los ríos - Rafael Blanco Vázquez

—Hijo, hijo.
—Madre, madre.
—Escucha este aforismo que acabo de leer: “Al no soportar la idea de ser el último paciente de este hospital, el hombre se decide por el contagio, que él denomina, con baboso eufemismo, procreación.”
—¿De quién es?
—De M. E. Ranoci. ¿No te parece impresionante?
*****
—Yo siempre lo tuve muy claro. Mis hijos serían lectores empedernidos, como lo soy yo, como lo fue mi padre. En realidad sólo lo he conseguido con mi hijo, mis hijas son demasiado coquetas. Normal, el único guapo es él. Leer es viajar por los meandros del espíritu, que nunca podremos domeñar, qué linda palabra.
*****
Con mi madre me une ante todo una gran amistad. Podemos hablar de todo. Ella me enseñó a leer novelas de mil páginas, yo le enseñé a leer aforismos. Mi mujer se muere de la envidia, le encantaría que su madre fuera más que una madre para ella.
*****
—Fíjese qué aforismo maravilloso: “La voluntad: invento inverosímil de autómata con ínfulas.”
—Lo conozco. Es de B. V. Fleara.
—Lo tiene todo, concepto y sonoridad. Claro que qué sería del concepto sin la sonoridad, y al revés.
—Sería como un convencimiento sin ironía.
—¿Le he dicho ya que fue mi hijo quien me enseñó a leer aforismos? Mi padre me transmitió El Quijote y Ana Karenina. A mi hijo le debo estos sobresaltos. Es curioso lo que mi hijo se parece a mi padre y lo que se parecen mis hijas a mi madre.
*****
Para lo que yo quiero a mi madre no hay palabras, y eso que hay palabras para todo. Si me dieran a elegir entre mi madre y mi hija lo pasaría realmente mal. ¿Qué sería del hombre sin la herencia?
*****
—Madre.
—Hijo.
—No te pierdas este aforismo, en adelante mi favorito.
—Primero dime de quién es.
—Es de un autor rumano que acabo de descubrir. Se llama R. L. Flanacobea.
—A ver ese aforismo.
—“Un odio exasperado sólo puede provenir de un amor excesivo, esta desilusión de dimensiones físicas sólo ha podido provocarla una ilusión con escalofríos de dicha. Pero yo quisiera odiar a mi madre sin justificaciones.”
domingo, 17 de julio de 2011
Grieta - Rafael Blanco Vázquez
Miró por la mirilla y admiró:
—La de cosas que pasan ahí afuera.
Entonces llamaron a la puerta, toc toc.
Abrió y era ella, una insigne desconocida.
—Vengo a seducirte.
Se besaron, pero el cuerpo de ella era escurridizo.
—Chico, no sé si te podré consagrar todo mi tiempo, mi vida rebosa cosas.
—Pero yo quiero estar contigo.
—A mí me gustan tus besos.
Se besaron, pero el cuerpo de ella se escurrió.
Él miró sus manos vacías y pensó:
—Otro sueño que se esfuma.
Y se acostó.
Imagen: The eye, de Ibeamy en deviantArt
miércoles, 6 de julio de 2011
Círculo - Rafael Blanco Vázquez

Hijos míos, en “El conformista” de Moravia, el padre del protagonista ha perdido la cabeza y está internado en un manicomio; se pasa el tiempo repitiendo lo que sigue: “Masacre y melancolía.”
Me parece increíble el poder evocador que pueden tener tres palabras.
Para mañana escribiréis un texto inspirado por esta cita.
No sobrepasará las cuatro líneas.
*****
Queridos niños, he examinado con atención vuestros textos y he seleccionado tres que procedo a leer inmediatamente. Vamos con el primero:
La masacre es de hombres.
La melancolía es de maricones.
Todo hombre es maricón y yo me llamo Javier.
El segundo está escrito por Rosa:
Pienso en dos mafiosos que sienten nostalgia por su infancia:
Tony Montana (Al Pacino) en “El precio del poder”;
Ray Tempio (Christopher Walken) en “El funeral”.
¿Podrían no haberse convertido en unas bestias?
Y termino con Dolores:
A. Antes de hacer el mal, ya estoy arrepentida.
B. Suelo llorar de noche y despertarme en forma.
C. Nuestro profe es un follarín con el corazón roto.
Gracias, zagales. Ya veremos de qué me apetece hablar la semana que viene.
viernes, 1 de julio de 2011
Bucle - Rafael Blanco Vázquez
Sus relaciones con los demás eran cada día más conflictivas.
Ni él entendía a nadie ni nadie le entendía a él.
Evidentemente, se estaba quedando solo.
No pocas veces pensaba en relajarse, en intentar comprender a los demás, en abrirse.
Pero para no sucumbir a la tentación, llegaba a casa y se leía uno o dos relatos de Bukowski.
viernes, 24 de junio de 2011
Dicotomía – Rafael Blanco Vázquez
Había una vez un perro.
Era un perro muy cariñoso que hacía muchas monadas a sus dueños.
Pero de vez en cuando hacía otras cosas propias de perros, y sus dueños se las afeaban, y él agachaba las orejas y fingía que lloraba y su llanto era real sin dejar de ser falso.
Hacía esas cosas adrede. Justo antes de hacerlas pensaba si no sería mejor no hacerlas, pero siempre decidía que no le apetecía aguantarse.
A veces pensaba, con cerebro perruno, que cualquier día sus dueños se hartaban y lo ponían de patitas en la calle.
Pero era un perro muy observador.
Cuando sus dueños se enojaban con él y él hacía eso que tan bien controlaba con ojos y orejas, los escuchaba haciendo como que no:
—Pobre, si no es más que un perro.
Y él entonces comprendía que tenía carta blanca.
Además, pensaba, si sus dueños no soportasen las cosas de los perros tendrían gato.
Y así fluían los días y las noches, sin más preocupación.
Porque incluso si por esas cosas de la vida a sus dueños les daba un día por abandonarlo (todo el mundo tiene algo impredecible, hasta él se sorprendía a sí mismo a veces), él sabía perfectamente que su actitud no tendría nada que ver con eso.
domingo, 15 de mayo de 2011
En el médico — Rafael Blanco Vázquez
—Caballero. Tiene usted sida.
—¿Está seguro, doctor?
—Los análisis no dejan lugar a dudas.
—Pero eso cómo va a ser, si yo soy virgen.
—Debe de ser el estrés.
—Ah, claro.
—Veamos. ¿Está usted muy estresado últimamente?
—La verdad es que no. Yo vivo de puta madre.
—Ése es el peor estrés, el estrés inconsciente.
—No me lo puedo creer. ¿Y ahora cómo le digo yo esto a mi gato?
—Lo lamento mucho, señor Suárez.
—Yo no soy el señor Suárez.
—¿Ah no?
—Mi documento no deja lugar a dudas. Yo soy el señor Mansilla.
—Uy qué error más tonto. Es que llevo unos días que ni le cuento. ¿Tiene usted hijos?
—No.
—Qué suerte. Quién pudiera. Los hijos sólo dan estrés. Veamos pues los análisis del señor Mansilla. A ver por dónde andan. Aquí están.
—Soy todo oídos.
—Señor Mansilla. Lo que usted tiene es un cáncer como la copa de un pino.
—Pues me viene fatal en estos momentos. ¿Y cáncer de qué?
—De pulmón. ¿Fuma usted?
—No.
—Debe de ser el estrés. ¿Tiene usted hijos?
—No.
—Pues debería. Los hijos son la sal de la vida.
—Es que yo soy de tensión alta.
—Está bien, le perdono.
—Gracias.
—Volviendo a su cáncer, algunos sostienen que es algo que se suele heredar. ¿Hay en su familia antecedentes de estrés?
—Mi madre era bastante nerviosa.
—Ya está. No me diga más.
—Pero mi madre nunca tuvo cáncer.
—Le he dicho que no me diga más. No tengo toda la tarde y sí una fila de pacientes esperando. Un beso a sus hijos de mi parte.
—Adiós, doctor.
—Siguiente. Hombre, señor González. ¿Qué le trae por aquí?
—Creo que me he roto un brazo.
—Debe de ser el estrés.
—¿Usted cree?
—A ver que yo vea ese brazo. Pues sí que está roto, sí.
—Que me he caído, doctor, esta mañana al salir de casa. Iba yo tan tranquilo, pasaron dos tipos corriendo, me empujaron y ya ve.
—Si es que hay mucho estrés en esta vida. En fin. Usted no se preocupe y tómese estos comprimidos.
—¿Y no me escayola el brazo?
—¿Usted no se estará estresando?
—Yo no.
—Que no me entere yo. Adiós, señor González
—Adiós, doctor.
—Enfermera.
—Sí, doctor.
—Queda usted despedida.
—¿Pero qué he hecho, doctor?
—Estoy harto de que sólo me envíe gente enferma. ¿Qué se ha creído que es esto?
—Pero doctor.
—Ni doctor ni hostias. Quítese de mi vista. A ver si mi mujer contesta al teléfono.
—Sí.
—Querida. ¿Qué hay para cenar esta noche?
—Esta noche como siempre. Sopita caliente, un cachete en los cojoncillos y a la cama.
—Así me gusta.
—Ya sabes que yo por darte gusto a ti, cariñito.
—Salgo para allá. Un beso, linda.
—Un beso, amor.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Ficha - Rafael Blanco Vázquez

Nombre: Néstor.
Apellido: Barba.
Edad: 37.
Nacionalidad: española.
Descripción física: cabello moreno y rizado, ojos pardos, nariz respingona, boca grande con todos sus dientes, aún no le ha salido la muela del juicio. Ancho de hombros, algo de panza, piernas y manos de mujer, gusta de llevar complementos: pulseras, collares, anillos, pendientes. Ningún tatuaje. Está circuncidado y tiene el culo huidizo. Torso y espalda sin vello, al contrario que piernas y brazos, provistos en abundancia.
Familia: padre y madre, dos hermanas casadas y con hijos.
Estado civil: soltero.
Ocupación: profesor de universidad, escritor, traductor.
Países en los que ha vivido: España, Francia, Bélgica, Canadá, Perú, Japón.
Inclinación sexual: le gustan las mujeres, a las que odia.
Filias: cine (debilidad por el buen cine de género), literatura (predilección por la narrativa breve), música (pasión por las canciones). El lenguaje le fascina, en particular los juegos de palabras, los tacos y la frase “estoy en crisis”.
Fobias: las mujeres independientes, las mujeres dependientes, las monógamas, las mujeres con estudios, las obreras laboriosas, las mujeres cultas, las incultas, las actrices, las maestras, las madres, las preñadas, las religiosas, las ateas, las cuarentonas con hijos, las cuarentonas sin hijos, las camareras, las enfermeras.
Más fobias: los médicos.
Miedos: la primera vez con una mujer: miedo a que no se le levante, a eyacular antes de tiempo, a que todo vaya a las mil maravillas y la relación dure. Miedo a que le quieran, a que no le quieran, a que se lo digan, a que no se lo digan. Pánico a las responsabilidades: no quiere hijos y limita al máximo sus relaciones con la burocracia. Ir a Correos a recoger un paquete puede ser fuente de mucho estrés.
Problemas de salud: padece bruxismo, esto es, le rechinan los dientes al dormir. Es así desde que era pequeño, pero puede que lo incremente el estrés de su vida sentimental. Problemas de espalda y de rodilla ligados a la escritura y la traducción.
Sueños recurrentes: son tres:
1. Desde un ático apunta con una escopeta a la calle. Ve a un tipo que fue su amigo y que un día, en su juventud, lo apartó de su vida con algún pretexto espúreo. Observa cómo ahora pasea con su flamante esposa y su hijo recién nacido. Dispara a la cabeza del hijo, y luego a la de la esposa. El ex amigo no le da ninguna lástima. Lo deja ir.
2. Si algún otro amigo tampoco ha resultado ser más que un supuesto amigo y, en lugar de reconocer su fechoría, también se ha escudado en hediondos subterfugios, lo secuestra, lo mete en el maletero del coche, conduce hasta un lugar desolado, saca al traidor, le pone una pistola en la frente y le dice: “Ahora quiero que reconozcas tu infamia. Quiero que me digas la verdad.” El traidor no reconoce nada, se limita a llorar y a pedir misericordia. Lo mata sin pestañear. Luego viene lo peor, la burocracia del crimen, digamos: deshacerse del cadáver, no dejar huella, esperar que la policía no descubra nada. Pánico, estrés, angustia. El sueño se acaba acá.
3. Se apresta a eyacular. Se agarra el miembro. Se pone en cuclillas. Está delante de su cama. Eyacula en línea recta, como si se tratase de un láser de esperma que cruza la cama por debajo.
Novias conocidas: Amalia, Elena, Charline, Itziar, María, Midori, Christelle, Valeria, Naoko, Zélie. Ha salido con dos Noras (una italiana, otra holandesa), dos Nadias (una española, otra marroquí), dos Marjolain (una belga, otra antillana) y dos Gabrielas (una francesa, otra chilena). No ha salido con ninguna española llamada Susana o Montse o Mamen.
Algo más que reseñar: metódico, lleva diecinueve años consignando en un documento cada película que ve y cada libro que lee. Los puntúa y a veces los comenta. No sabe qué pensar cuando comprueba que hay películas que, según las épocas, han provocado en él reacciones muy diversas: ha calificado de impresionante, de aburrida y de trivial Delitos y faltas, de Woody Allen; El fuera de la ley, de Clint Eastwood, le ha parecido horrible e increíble, sutil y enfática. ¿Acaso lo contrario es menos turbador?: siempre llora cuando los pájaros atacan a los niños en la película de Hitchcock. En otro orden de cosas, le encanta decir “Hola, chochos” y no le gusta nada masturbarse. Detesta la provincia pero tampoco le encuentra interés alguno a la gran ciudad. No podría vivir en el campo. Tener un bonito reloj le resulta fundamental. Su mejor amigo, Lucas Rodríguez, ha convertido la masturbación en todo un arte, y la primera vez con una mujer sus miedos son: que no se le levante, tirarse horas y horas y no eyacular, que todo vaya a las mil maravillas y la relación dure. El tal Lucas ha salido con tres Susanas, cuatro Montses y dos Mamen (y con dos Penélopes –una neoyorquina, otra argentina–, dos Jacquelines –una marsellesa, otra irlandesa– y dos Zulemas –ambas sevillanas).
Observaciones: se sitúa en el extremo opuesto a Taxi Driver, que sostenía: “No creo que uno deba dedicar su vida a autoanalizarse morbosamente. Creo que uno debe convertirse en una persona como las demás.” Se parece a Taxi Driver: también tiende a imaginarse que la salvación pasa por una mujer, y entonces le inventa virtudes a la primera que encuentra.
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