sábado, 5 de febrero de 2011
En el ocaso – Claudia Cortalezzi & Sergio Gaut vel Hartman
Por fin habíamos comido.
Observé a mis compañeros: Lobereto estaba tranquilo, como yo. Ambos disfrutábamos de la modorra. Pero a Maquín le pasaba algo.
—Eh, Maquín —oí que gritaba Lobereto—, tranquilizate, hombre. Vas a consumir todas las energías. Mejor quedate quieto.
Maquín no respondió, siguió en su danza incontrolable saltanto como una ardilla encima de los desperdicios.
Me detuve a estudiarlo, no había nada más que hacer en ese infierno de chatarras. —Es la culpa —dije finalmente—; lo carcome por dentro.
Lobereto me miró raro.
—¿Lo decís en serio?
Asentí. —Este ya no entiende qué pasa; se dejó ganar por las ideas de los curas.
—¿Qué está mal eso de comer carne humana? —Lobereto se puso de pie, agresivo.
—No te preocupes, yo no tengo esos prejuicios. —Saqué el cuchillo, me arrojé sobre Maquín y lo degollé—. Tu cena está garantizada, Lobereto, y varias comidas más.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
bravo, bravísimo...qué texto, por los dioses!
ResponderEliminar