sábado, 1 de octubre de 2011

Linyeras - Fernando Andrés Puga


Cuando recibieron la noticia, entristecieron. El mensaje del trueno divino no dejaba dudas: debían abandonar ese jardín en el que habían sido felices, inocentes, ignorantes de la existencia de otros sabores que no fueran la dulzura. No era mucho el equipaje. Apenas un par de taparrabos y algunos frutos recogidos de esos queridos árboles que les dieron cobijo desde el primer día de sus vidas.
Se fueron en silencio, cabizbajos. Desde entonces vagaron por campos, desiertos, montañas, soledades, llevando un secreto en la memoria: el recuerdo de aquel jardín que a veces por las noches los despierta con cantos melodiosos de alondras y jilgueros, con brisas que les traen aromas embriagantes, con cálidas burbujas de aguas de manantial.
Eva y Adán tuvieron muchos hijos. Todos en busca de un hogar desde hace tiempo. Soy uno de ellos. Duermo en un tinglado que hay junto a las vías. A veces como bien. A veces algún niño me sonríe.

Unum - Sandra López Paz


Volvió al jardín después de la sequía. Derramó lágrimas de estrellas. El azul cae miedosamente sobre las hojas, desde la cuenca gastada de los ojos, sobre la superficie del silencio.
El suelo se abrió en marrones desesperados, en borbotones de sangre vertiginosa. De la misma tierra, la raíz oscura, la fue devorando. "Dar es morir" Intentó sublimar, mientras iba desapareciendo entre el fango.


Extraido del blog Ninfotéricas

El mendigo - Eduardo Albarracín


El pórtico del templo luce su arte sacro. Las imágenes celestiales muestran sus figuras desgastadas por las innumerables “tomas de gracias” del maremágnum incesante, que traspone sus umbrales en busca de un pedacito de cielo que lo trasponga aunque sea por un instante.
Sentado en el piso, con su barba enmarañada y sucia, y las manos llagadas, estiradas suplicantes ante el gentío que pasa, el mendigo desangra su impotencia y bebe el trago amargo de la indiferencia de sus hermanos.
A la tarde, cada tarde, cuando el templo cierra sus puertas, él regresa manso a la cruz que se alza sobre la roca. Desde lo alto la visión del mundo es diferente.
Entonces vuelve a perdonarlos.

Cosmología – Esteban Moscarda


La cosmología nos indica que hay varios niveles de existencia: el tártaro (que es de salsa) bien en las profundidades; más arriba, el hades de dedos de fuego; luego viene el averno que está cerquita de la superficie. Desde allí empiezan los sucesivos universos hechos de realidad, los cosmos tradicionales, que son casi infinitos; y hacia arriba los sucesivos cielos, primero Asgard, luego el Olimpo, después la Isla de los Bienaventurados, las esferas celestes, el jardín de la manzanita (sigue inviolable, con árbol, serpiente y desnudos), el éter, Neverland, la caverna de los Sueños y el dulce páramo de la Muerte. Coronando el conjunto se encuentra el Empíreo, donde Dios cosecha dioses. El Limbo, sin embargo, no existe: fue un invento de los hombres de ciencia para asustar a los ateos…

Parricidio - Fernando Puga


Aquella madrugada me despierta ese llanto que no puedes contener por más que quieras. La puerta entreabierta deja ver la imagen en la luna del espejo y reparo en las marcas de tu espalda, en él que levanta el puño y su cara desfigurada, él que golpeará de nuevo. Lo maté tantas veces desde entonces, pero no muere ese cuarto donde empezó mi vida y terminó la tuya.

Isate - Martín Maggi


Dicen las lenguas (malas o buenas) que una noche justo para el día de su cumpleaños al Isaac sus amigos le hicieron un festejo en la propia casa. Le compraron alcohol a morir, sí, mucho, demasiado, como pa quedar tirado en un zanjón y cuando el alcohol se hubo terminado, al susodicho ya casi dormido, estupefacto, lo golpearon sus propios amigos, sí, lo mearon, lo engarrotaron, lo amordazaron, lo empelotaron, sí, lo deshidrataron, lo esquilaron, y después lo quemaron vivo, en el jardín de su propia casa, en el fondo donde la rosa afloraba, lo enterraron, jadeando, en su último aliento, ya sin fuerzas pa gritar, allí mismo quedó por decenios jubilado de por vida, mirando desde abajo las flores, los cardos y sus amigos esa noche festejaron, brindaron con la última cajita de blanco descartable.
Y así dicen las malas lenguas, "con los amigos no se juega ni jadeando..."

Estatua – María Pía Danielsen


—¿Es que no me vas a socorrer? —preguntó la mujer.
—¿Accederás a mi súplica? —requirió el hombre.
—¿Puedes ayudarme?- inquirió el niño.
La estatua de ojos vacuos siguió mirando el destello de las lágrimas.
Si pudiera, invocaría. Si pudiera, lloraría sangre. Si pudiera, se reconocería un instrumento. Si pudiera, ella también blandiría el látigo contra los mercaderes de los falsos dioses.

Tomado del blog: El hueco detrás de las palabras