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sábado, 15 de octubre de 2011
Sin viernes – María Pía Danielsen
Eligieron un día de la semana. Fue el de Venus, diosa de la belleza y el amor. Viernes de almas y cuerpos desnudos. De confidencias largas, musas inquietas y labios fundidos sin tregua. De eternidad revestida de sueño, toalla, peine y cepillo.
Venus fue vertiente, acorde, puente.
Su ausencia mutó a pasión crucificada en el calvario del viernes santo.
La semana, huera de viernes, cubrió de añoranzas la figura de los amantes descarriados.
María Pía Danielsen
Tomado de: http://elhuecodetrasdelaspalabras.blogspot.com/
sábado, 1 de octubre de 2011
Estatua – María Pía Danielsen

—¿Es que no me vas a socorrer? —preguntó la mujer.
—¿Accederás a mi súplica? —requirió el hombre.
—¿Puedes ayudarme?- inquirió el niño.
La estatua de ojos vacuos siguió mirando el destello de las lágrimas.
Si pudiera, invocaría. Si pudiera, lloraría sangre. Si pudiera, se reconocería un instrumento. Si pudiera, ella también blandiría el látigo contra los mercaderes de los falsos dioses.
Tomado del blog: El hueco detrás de las palabras
martes, 16 de agosto de 2011
Road movie – María Pía Danielsen
Agosto
El mago: ¿Te espera?
Ángel sin alas: No.
El mago: ¿Podemos caminar juntos a la par?
Ángel sin alas: Dale.
Septiembre
El mago: ¿Miras hacia atrás? ¿Te busca?
Ángel sin alas: Me distrajo el ruido del viento entre las hojas. Miraba un olmo. No, no me busca.
El mago: Es tiempo de desechar las hojas marchitas. Mira, tengo un collar de luces para tu cuello, aros de flores, pulseras de caracoles. Te sientan muy bien.
Octubre
El mago: ¿Te hago reír? Debes saber que mi magia está rendida a tus pies.
Ángel sin alas: Sorprendes, asombras y veo estrellas caer a mi paso.
El mago: ¿Es que vas a mirarme alguna vez?
Ángel sin alas: Tienes mis ojos, ya diste vuelta el disfraz.
Tomado de: http://elhuecodetrasdelaspalabras.blogspot.com/
María Pía Danielsen
sábado, 9 de abril de 2011
Elección – María Pía Danielsen
—¡Eres verde! Nunca te hubiese imaginado así —aseveró Pablo.
—En realidad, no siempre soy verde. Algunas veces estoy roja o azul o naranja o incluso negra- contestó el alma.
—¿Porqué el cambio de colores?
—Bueno, depende de lo que hagas conmigo. Si estás belicoso me conviertes en sangre. Si reflexionas cambio inmediatamente al azul. Cuando imaginas adquiero los tonos de la puesta del sol, naranjas y amarillos. Si el dolor no te permite abrir los ojos clausuras mis matices y viro al negro.
—Perdón —masculló algo avergonzado—. Lamento que tu destino haya sido el de acompañarme.
—Te equivocas. Yo te elegí. Porque mientras corres detrás de tus sueños me pintas de verde. Porque cuando asciendes a los cielos me aferro muy fuerte a tus alas y disfruto el placer de planear. Porque cuando me miras, mi verde se hace más intenso y brillante.
—Pero jamás hable o te vi antes de hoy —repicó Pablo.
—Error. Hablas conmigo mientras piensas y escribes. Me miras cuando te conmueves al leer un texto. Me acaricias cuando juegas con tus niños. Me lustras cuando, cual Quijote, emprendes contra los molinos de viento.
—Te elegí porque casi siempre me tiñes de verde.
Tomado de: http://elhuecodetrasdelaspalabras.blogspot.com/
jueves, 31 de marzo de 2011
¿Y qué? – María Pía Danielsen
Río mientras explota el calor en mi cara.
Aunque mis ojos no me ven, sé que el pecho y las mejillas están rojas. Las burbujas ya hicieron estragos por dentro: eliminaron cercos, surcos y atajos.
Aunque mis ojos no te ven, tus manos aprietan mi tronco y tu aliento juega en mi oreja.
Se retuercen entre mil ideas las palabras: ¡Sos tan especial! ¡Sos hermosa! -mientras los sabores de las cerezas borrachas se alojan en mi saliva.
Aunque mis ojos no te ven, sé que la humedad ya recorre la entrepierna.
Aunque mis ojos no me ven, sé que mis dedos son tus dedos disfrazados de nunca.
¿Y qué? Puedo recrear mil veces la despedida.
jueves, 3 de marzo de 2011
Víctima - María Pía Danielsen
Colocó su corazón en una rústica caja de madera.
Ella lo miraba a través de ojos acuosos.
Inexorablemente repetía la ceremonia convertida en culto: si labios húmedos presionaban el órgano vital sacudiéndole las púas, retornaba al exilio.
Lo habían mordido una vez y nunca más se repetiría tamaña afrenta.
En la caja de madera con tapizado de cilicio languidecía el corazón indemne a todo dolor. Excepto al del propio desamor.
Tomado de: http://elhuecodetrasdelaspalabras.blogspot.com/
viernes, 31 de diciembre de 2010
Disparidad binocular – María Pía Danielsen

Ante sus ojos, el tenía la grandeza de lo inconmensurable. Mar de aguas calmas, paciencia azul y besos de goma espuma.
Claro que Mariana carecía casi por completo de visión en el ojo derecho.
—Puedes estar tranquila. Me importas mucho- le dijo Benjamín en el oído una noche de brillo y tormentas. El único ojo sano de ella lo percibió gigante, luminoso como el Rockefeller Center en Navidad.
Ya que el destino siempre corre hacia adelante y casi siempre lo que ves, es; la mujer resolvió ir al oculista mientras el hombre decidía salir con amigos.
Simultáneamente al tratamiento previo a la cirugía ocular, Benjamín inició la ronda de miedos, dudas y espejos.
Sorprendida hasta los tuétanos, Mariana observó como la silueta de el se encogía, poco a poco y sin pausa.
Desdibujado detrás del -te llamo después- y del -nos vemos la semana que viene- , pronto cabía en la palma de su mano. Terca como una mula, lo aferró en su puño y se encaminó a la operación reparadora de la visión.
Mariana recuperó la vista de su ojo derecho y con ello, la disparidad binocular que es la forma de percibir profundidad, relieve y dimensiones. Abrió el puño para reconocer a su hombre y se encontró con una caricatura minúscula. La observó detenidamente. Sonrió y sin vacilación alguna, la arrojó bien lejos por sobre sus espaldas.
jueves, 18 de noviembre de 2010
Rompecabezas - María Pía Danielsen
De nuevo, era libre. Despaciosamente, separó cada una de las piezas. La primera, de forma ovoide y ubicada en el extremo superior izquierdo. La segunda, con una cuña pequeña, hizo un mínimo ruidito al desprenderse. La tercera, casi romboidal, estaba prácticamente suelta, en la zona media de su cabeza. La siguiente fue la del extremo inferior derecho, de aspecto sinuoso. Esta costó despegar, tal vez por su forma enredada. La del extremo inferior izquierdo casi salió despedida, ser redondeada fue lo que le dio el impulso. Y así sucesivamente, separó las piezas de su cuerpo y cabeza durante toda la noche. Cada compartimiento estanco cobró vida por si mismo. La soledad se estiró a sus anchas, sin preocuparse por aplastar a la empatía. El egoísmo creció hasta el infinito: la solidaridad se hallaba muy lejos, hablando con el estímulo. El orgullo planeó por sobre los sentimientos, que en realidad no se adaptaban a ser piezas desarticuladas de una personalidad fragmentada y compleja.
En la oscuridad, el yugo cede. Y se agigantan los monstruos que permanecen cautivos.
Tomado de: http://elhuecodetrasdelaspalabras.blogspot.com/
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