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jueves, 17 de marzo de 2011

El fuego - Vladimir Kultyguin


La sombra de fuego entra en su casa y el hombre la sigue, de verdad, es él quien le sigue, pero ninguno de los dos puede averiguarlo, es imposible seguir los movimientos del fuego, y menos aún si es una sombra. La casa está vacía y llena del frío invernal, que todavía no se ha ido, por eso el fuego mismo duerme debajo de una piedra-altar, no muy lejos de allí; todos conocen el lugar, aunque nadie sabe que aquí, exactamente aquí, hay un escondite. Nadie sospecha siquiera, cuando pisa el eslabón de piedra tallada, que es el fuego quien duerme en este lugar, y sueña con su propia sombra que huye de una persona, un hombre mayor que la persigue sin saberlo. Es una pesadilla muy pesada, dado el peso de la piedra y la densidad del aire, soportado en las rejas metálicas del agua. No hay ninguna persona alrededor, solo hay humo de lejanas fábricas.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Motu improprio - Vladimir Kultyguin


Soñaste con unos ojos que te vigilaban. No te vigilaban; te soñaban y soñaban contigo, soñolientos y voraces de tu carne onírica. No soñaste; vigilabas aquellos ojos, en un momento precioso de temblarte las cejas, provocando un terremoto (¿diríase mejor, visiomoto?) a la meseta que no hay y nunca hubo.