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miércoles, 10 de agosto de 2011

Limpieza - Nicolás Ferraiolo


Las pastillas psiquiátricas nunca me funcionaron; el cianuro es doloroso; y si me tiro al río sé nadar. ¿Y si lo hago en mi casa?, no, me van a ver sobre el suelo, todo ensangrentado. Un horror. ¿Si me tiro bajo el tren?, voy a traumar al pobre conductor. ¿Si me tiro por el balcón?, tal vez un bebé pase por ahí y la imagen lo martirice en el inconsciente. Yo soy una persona correcta, sana y sobre todo muy limpia, no soy un enfermo ni un egoísta. Pero descubrí el otro día que la vida monogámica le era tan imposible a mi novia, que ahora sólo deseo suicidarme.
¿Matarme aquí, en lo de ella? En la casa ya no habrá nadie, pero no, tampoco; no quiero ensuciar todo otra vez.

lunes, 30 de mayo de 2011

Eco - Nicolás Ferraiolo


Luego de matarlo, descubrió que por fin la casa estaba sola. Podía hacerlo: cerró los puños y empezó a gritar, enervada por la ira. De repente abrió los párpados en pánico y oyó algo lejano; era extraño, pero el sonido de su grito estaba disminuyendo sin que lo decidiera. Casi le estallan las venas por intentar retenerlo, sin embargo su alarido finalmente desapareció, aunque la intención de gritar, igual de intensa que inaudible, no había cesado. Así lo supo con terror: alguien, dentro de ella, que ya no era ella, seguiría gritando. El recuerdo de la tragedia también la abandonó.
Quizás lo sucedido en esa habitación sólo le dejó cierta sensación de ahogo inexplicable. Es posible que ese ahogo sea el que siento ahora. Es probable que aquel ahogo deba soltarlo de otra forma. Ya no es impropio, sí aterrador: ese grito existió, existe, es éste.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Tiempo perfecto - Nicolás Ferraiolo


Mi ingenuidad comenzó cuando antiquísimo estudiaba gramática en el profesorado, y me resignaba a que sí existía el contradictorio tiempo verbal “futuro perfecto”. Me invadía la idea de que si había una posibilidad mental de nombrar perfectamente lo que pasaría en el futuro, yo debía tener un proyecto armado: una esposa, amantes, hijos, muchos nietos… El sueño americano se filtraba sobre mis deseos libertarios. Conseguí una novia, nos casamos y tuve todas esas cosas.
Hoy, divorciado, viejo y arruinado, mi gran satisfacción es el Esbozo del Diccionario de la Real Academia, donde el "futuro perfecto", que me arruinó la vida, no existe. No existirá más. En consecuencia, voy todos los días a los piringundines de todo el país, tomo fernet con coca, entre otras cosas. Se preocupan por mi salud. Los muy ingenuos no saben que ya no pueden afirmar ni que vamos a morir.