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jueves, 11 de agosto de 2011

Transferencia – Michael K. Iwoleit


La puerta de embarque estaba casi vacía. Él se sintió un poco tonto al preguntarle si le molestaba tener un poco de compañía. Ella sonrió y negó con la cabeza. Ella era pequeña, delgada, tenía el cabello negro y ojos almendrados. Había algo de asiático en ella.

―¿Han retrasado el despegue? ―preguntó ella.
―Sólo unos minutos ―aseguró la azafata.
―Bien, es que estoy un poco nerviosa.
―¿A dónde viajas?
―Tú primero.
―Europa. A una investigación biológica en el océano sub-glacial.
―Oh, qué interesante.
―Acabo de graduarme, y estoy programada para realizar trabajo rutinario. Me gustaría haber estado entre los pioneros. ¿Y tú?
―Bueno, yo no soy un pionero tampoco.
―¿Cuánto tiempo que quedarás?
―No voy a regresar.
―¿Cómo?
―¿No sabes nada de la transformación?
―Sé muy poco sobre las misiones allí. ¿Qué transformación?
―Voy a ser sometida a un baño de reensamblaje. Mi cuerpo entero será reemplazado célula a célula por un componente a base de silicona, de tal manera que podré soportar las condiciones atmosféricas de Tritón. El proceso no es reversible.
―Pero...
―¿Sí? ¿De qué te sorprendes?
―Me pregunto si no vas a extrañar tu cuerpo orgánico. Cabe mencionar, además, es muy bonito. Eres una mujer muy guapa.
―Mi cuerpo se verá exactamente igual. ¿Crees que no seguiré siendo igual de bonita con un cuerpo de silicona en vez de uno de carbono?
―No sé...
―Supongo que no es tu cabeza, sino una parte más baja de tu cuerpo, la que genera esa reacción en ti. ¿No sería extraño desear a una criatura de silicona?
―Cambiemos de tema, por favor.
―Bueno. Cuéntame más sobre Europa.


Título original: Transfer
Traducción: Oriana Pickmann


Imagen (fragmento): Sunflower, de KarmicCircle en deviantArt

viernes, 1 de julio de 2011

El último contacto – Michael K. Iwoleit


Seguro que es “eso” lo que me ha despertado. Es alto, delgado y se desplaza con las dos extensiones que sobresalen de su parte inferior. Su exterior es terso y plateado. Dos extensiones más colgaban a sus lados. Su extremo superior es redondo y lustroso. La cosa con forma de cono que está reposando en el terreno no tan lejos de aquí debe ser el vehículo en el que vino.
He dormido por casi un millón de años. Este mundo ha cambiado tanto, que está irreconocible. No queda ningún ser vivo. Sólo rocas desnudas y descompuestas. La atmósfera está tan delgada que pareciera que se ha desvanecido. Cualquier vestigio de nuestra civilización ha desaparecido, a excepción de mí. He conservado nuestro pasado y nuestro conocimiento por tanto tiempo, esperando poder contarle a algún visitante lo que hemos sido. Ahora debo crecer y expandir la información comprimida en mí. Y tengo que hacer contacto con “eso”. Hacer que note mi presencia. Nuestro visitante. El primero y, quizá, el último.
Cuando Ben abandonó la esclusa de aire de la sonda de aterrizaje, se quitó el casco y el brillante traje de presión, el reporte en su cabeza ya estaba terminado. Nada que pueda justificar la explotación de un planeta tan alejado de las rutas principales. Por un instante se preguntó sobre los patrones de color extraño que se propagaban por el suelo según se acercaba. Pero la xenobiología no era asunto suyo.
He fallado, fue el último pensamiento de lo que él dejó atrás. Pero nuestro sol aún irradia energía suficiente para mantenerme vivo mientras duermo. Esperaré por otro millón de años, si es necesario.



Título original: Last Contact
Traducción: Oriana Pickmann


Michael Iwoleit

Imagen (fragmento): Sunflower, de KarmicCircle en deviantArt

lunes, 6 de junio de 2011

Un parpadeo – Michael K. Iwoleit


Ella tenía los ojos de Karen. Manuel no tenía ninguna duda. Había mirado tantas veces aquellos ojos. Se había perdido en ellos durante horas eternas. Los recuerdos de los cuatro meses que vivió con Karen, antes de ser desensamblada, estaban empezando a desaparecer. Pero nunca olvidaría esos oscuros y profundos ojos.

Vio a la mujer de pie en el bar del club en el que él trabajaba como técnico de sonido. Era alta, desenfadada y arrogante. Su atuendo, digno de una prosituta. Karen era pequeña, suave y dulce. Él había volcado todos sus deseos al crearla. Había usado solamente los mejores componentes para ello. Y, cuando se dio cuenta de que se había sumido en deudas y que ella fue apartada de él, fue fácil encontrar compradores interesados en sus piezas.

Cuando observó a esta mujer, sintió la necesidad imperiosa de arrancarle los ojos. Pero al acercársele, ella levantó sus lentes y, por un instante, su mirada se posó en él. Ni siquiera esta mujer podría arruinar la expresión de aquellos ojos. Por un instante, un parpadeo, Karen volvió a vivir. Inesperadamente, él se sintió calmado y lleno de paz. Sonrió.


Título original: The Blink of an Eye
Traducción: Oriana Pickmann