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lunes, 3 de octubre de 2011

Almuerzo de hoy: Pollo arvejado – Lilian Elphick


Salga al campo. Elija un pollo gordo. Juegue con él un rato. Sin miedo, retuérzale el cogote. En casa, desplúmelo. Las vísceras las deja en una olla aparte. Cercene las presas con un hacha mediana. Destruya las arvejas, aniquile cebolla, ajo. Fulmine con sal, pimienta, laurel. Ahogue con el caldo colado de las vísceras y un vasito de vino blanco. Rellene un cojín con el cabello previamente lavado y perfumado. Duerma, sin soñar con aquél que le hincó el colmillo del adiós.

martes, 30 de agosto de 2011

La soldadera - Lilian Elphick


Iba a pie. Él, a caballo. Asaba las tortillas, lavaba sus ropas, colocaba paños húmedos en su cuello. Mantenía el filo de la navaja con el cuero, revolvía el jabón y era la guardadora del espejo. Muchas veces perdí criaturas en la trinchera. Tanta era la sangre. Es que a él no le gustaba mi modo de afeitarlo. Me tenía miedo. Decía que cualquier día iba yo y lo degollaba. Y me pateaba en el suelo. Por eso, esa mañana, le sostuve el espejo. Ante las tres señales de luces, mi comadre tomó su 30-30 y me encajó la bala en el corazón. Tal cual le pedí. A ella la acribillaron ahí mismo. Este hecho no pasó inadvertido para la revolución: nos recordaron como valientes lesbianas.

Sobre la autora; Lilian Elphick

Imagen tomada de Deviantart

lunes, 18 de julio de 2011

Confesiones de una chica de rojo - Lilian Elphick


Lo conocí cuando paseaba por el bosque de Chinaski. Había recogido muchas setas cuando él apareció entre unos matorrales: ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste? La pregunta era vulgar, un lugar común, sin embargo, me gustaron sus ojos de inquietante negro. Imaginé de inmediato la escena: Wolf tomándome por la cintura y dando enormes lengüetazos a mi cuello. Le mostré el canasto repleto de sabrosas amanitas. Podemos ir a tu casa y flambearlas con vino blanco, propuse. Wolf sonrío y dejó asomar un colmillo: No, querida, ésas son venenosas. ¿Venenosas? No tenía idea. Las lancé lejos y me desnudé, aterrada de que mi ropa estuviera contaminada. Quédate con la capa, te lo ruego, suplicó, con voz aguardentosa. Le hice caso.
-Señor Wolf, debo confesarle que…
-¿Sí? Dime, criatura encantadora.
Pues, que me da vergüenza…, cometí una imprudencia, dada mi naturaleza vehemente. Pero, ¿de qué se trata?, rugió, lleno de deseo. Sus garras casi arañaban mi piel. Bueno, sacié parcialmente mi deseo con el más grande de todos aquellos nefastos hongos. Y ahora moriré. ¡Qué tonta he sido! Él se rió a carcajadas, sopló y sopló y mi pelo desordenó. Nos besamos con pasión de callejeros. El bosque de Chinaski se cerró sólo para que nosotros pudiéramos amarnos mejor. Hizo bien su trabajo. Al poco rato, la lengua se le hinchó y le brotaron unas pústulas violáceas. Cayó al suelo echando espuma hasta por las orejas.
-Ah, Wolf, aún crees en los cuentos de hadas -apuré, mientras le afanaba la billetera, el reloj y los elegantes zapatos de cabritilla.

sábado, 16 de julio de 2011

Retórica - Lilian Elphick


-La cantaba Matt Monroe.
-Mmm… no recuerdo…
-La película… con Sean Connery…
-¿Ése no era James Bond?
-Sí, pero yo quiero que recuerdes.
-¿Para qué?
-No sé, porque me gustan las metáforas.
-¿Metáforas? ¿Qué es una me…
-Cállate. No digas una sola palabra más.
-Pero…
-Es el colmo que no sepas qué es una metáfora.
-Pero sí sé qué es una metonimia.
-¿Ah, sí? Dame un ejemplo, por favor.
-Bueno, en estos momentos no podría…
-From Russia with love. Y esto es una ironía, ¿capisce?
-Perdóname...Vamos, bébete esa copa.
-No. Seré la gata bajo la lluvia, aunque sea una cursilería.
-No lo volveré a hacer. Te lo prometo.
-Nunca tendremos París.
-¿Qué?
-Nada. Otra película.
-Ah…
-Casa…
-¿Verde?
-…
-Pero, no te enojes.
-A Dios pongo por testigo que no podrán derribarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, nunca volveré a pasar hambre, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!
-¡Mi amor! ¡Tienes hambre! ¿Qué te apetece? ¿Chino, árabe, thai, japonés? Escoja, mi reina, escoja.
El bar está lleno de gente. La mujer arroja dos billetes. Se va. Afuera, el aire helado de la calle la alivia. Hay luna llena. Pasa un hombre. Ella lo detiene: -Sabes silbar, ¿verdad, Steve? Sólo tienes que juntar los labios y... soplar-. Él sonríe y sigue de largo.

Lilian Elphick

lunes, 4 de julio de 2011

Verdadera historia de la infamia - Lilian Elphick



Que el lector no piense en Borges, el ciego, porque de universalidades tengo bastante. Que no piense que esta es una historia triste porque no es triste, sino un puñado de hechos no concatenados entre sí. Que el lector lea en voz alta estas palabras, sin titubear, señalando las pausas, acechando el silencio, porque ayer hablaba de una escritura que duele más que la infamia de no escribir, y sentarse a ver pasar la tarde; el gesto del viento. Vaguedades. Imprecisiones. La vergüenza del ayer. Los cielos demasiado azules; casi una mentira bondadosa. Que el lector, entonces, me tome la mano para hurgar juntos en los basureros del olvido, porque quizás allí duerma esta historia sin principio ni final, donde hay personajes que eligen la palabra equivocada, el mal aliento, la tríada del insomnio.
La infamia es tan particular; es así como cada lector se convierte en uno solo para decir que la muerte le ronda los ojos. O en las bacanales de la desolación, cuando el amor se pierde en una estación de trenes en medio de un humo de guerra. O un libro. O en la carta recibida y que no se puede contestar; leídas y releídas, las palabras pierden su norte; se extravían en la duda, que es una montaña de alfileres. Ahí está la infamia.
Decir más es imposible. Porque una palabra más es una explosión más, una mujer sin nombre, el hambre desdentada apoderándose del mendrugo.

sábado, 25 de junio de 2011

Monstrua III - Lilian Elphick

Aspiro pegamento echada en la última esquina de esta ciudad amurallada. Una "M" cosida a la espalda me identifica. No soy pordiosera, pero la gente insiste en arrojar basura a la geografía de mis cuatro faldas. Sé que el sol sale por ahí y que los perros cuidan mis cosas: el canasto vacío, la remendada capa roja. Mi abuela, antes de morir, me dijo: lleva en tu tobillo este ramito de romero. Y así lo hice. No me gruñen los malos espíritus, aunque a cada rato siento que el verdadero colmillo del lobo se entierra en mi estómago y retuerce los sueños del bosque, donde yo era una niña muy pequeña que estaba enamorada de su hambre.

domingo, 5 de junio de 2011

Contra Melville - Lilian Elphick


—Imposible —dijo el escribiente, mirando nervioso la puerta —mi jefe no puede enterarse de esto.
—Acérquese más, don Bartebly.
—Preferiría no hacerlo —musitó el hombrecillo.
—Cómo que no, pilluelo. Tanto usted como yo sabemos que…
—Sí, no diga nada, pero preferiría no hacerlo aquí.
Bartebly y la dama salieron de la oficina; nadie los vio. En la calle el beso fue eterno y,  por primera vez,  él sintió que la vida tenía sentido. Sacó el viejo libro del bolsillo interno de su abrigo y lo dejó caer a la acera, en el momento en que los labios se separaban para volver a unirse. 

sábado, 28 de mayo de 2011

No ha lugar - Lilian Elphick


No era el chas chas de la escoba ni los tacones apurados de la mujer chillona. Era un sonido suave, encantador. Salí del cubil y me asomé con precaución. Ahí estaba el hombre soplando su palo con agujeros. Cerré los ojos. Soñé con avena, trigo; quise estar nuevamente en el campo. Todos los que estaban conmigo lo siguieron. Yo no me atreví. Siempre fui un cobarde. Después, supe que los llevó al río y que murieron ahogados. Días más tarde, la mujer lloraba. No barría, sólo rogaba que el hombre le devolviera a sus hijos.
Le hago compañía. Ella me agradece con trocitos de queso.
A veces, miramos juntos la puesta de sol en este pueblo de fantasmas.

viernes, 8 de abril de 2011

Expejo - Lilian Elphick


Malvada se mira al espejo y pregunta lo que todos conocemos. No hay reflejo ni respuesta. Enfurecida, la mujerona lo lanza por los aires y éste no se rompe. Luego, lo echa al fuego. Nada. Le pide al cazador que le dé un hachazo. Imposible. Malvada llama a un experto en espejos. El hombrecillo constata: Esto no es un espejo. ¡¿Y qué demonios es?! , aúlla enloquecida. Es usted, señora, usted misma convertida en piedra. Riéndose, Malvada espeta: ¡Entonces, yo soy Blancanieves! Lamentablemente no, responde él, usted es sólo un recuerdo, una ficción desvanecida; para ser más claro, un expejo.

Lilian Elphick

Imagen: "Salomé", de Gustave Moreau

martes, 16 de noviembre de 2010

El completo amor - Lilian Elphick


Tengo que enfrentarme a las horas, y después a las horas que siguen a éstas. 
Michael Cunningham

Soy. Nací con espejo. Moriré en este lugar llamado, simplemente, Leprosario de Mujeres. Antes, cuando las horas eran una avenida ancha y vacía, tenía una fuerza: el completo amor. Antes, la caricia corre que corre al viento de los columpios; la palabra era vigorosa, con incrustaciones de ternura; se unían las manos tibias a la promesa de seguir siempre mirando el mismo cuerpo, único y múltiple. No importaba el futuro y, si importaba, era como paladear grosellas o gastar los zapatos subiendo y bajando cerros, a oscuras para, después, alinear la boca a la luna, besarla con la lengua del pasto húmedo.
Uniones felices. Risas en el inicio del oído. El completo amor venía a bañarme en olas sin tacha y me hundía en él, sin pensar, me entregaba sin decir nada que pudiera quebrar el reflejo de mi propia imagen. No recuerdo cuándo llegué aquí. Quizás alguien me trajo con vendas en los ojos y me dijo: Siéntate y espera. El amor se deshacía de mí por tener la carne rota. O era el odio enamorado de mis pústulas. Y yo esperé mi completud, mientras las otras me trenzaban el silencio con sus bozales amarillos. Y yo creí con todo mi corazón que sería capaz de vencer a la vida misma, montarme en los molinos de viento y cabalgarlos. ¡Arre!, ¡arre!, vida, llévame de aquí. Pero, ella, ahora sé, me sentó en la portería y dijo: Espera. Y yo esperé, esperé con las limosnas descosiendo el bolsillo de mi pequeña alma mugrienta.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Monstruo VI - Lilian Elphick


Todo monstruo es también mago. De tanto aparecer, desaparece. Nadie lo ve ni lo escucha.

Yo, por ejemplo, trato de asustar a las damas, pero ellas abren sus paraguas para protegerse de la lluvia que les acaricia las manos y, luego, moja el ruedo de sus vestidos, tan largos como mi ansia. Y ese mismo temporal, combinado con un viento feroz, da vuelta los paraguas y los raja. Ellas gritan, mientras el armado fastuoso de sus cabelleras se deshace, y les chorrea laca y tintura por la cara; los ojos maquillados son una ruina. Las damas lloran aterradas; sienten que “algo” les sube por las piernas: una rata, una araña, una culebra. Y caen al suelo dando patadas, se revuelcan en el barro, profieren insultos, alborotan sus pechos, se abren al placer de mis babas, de mi torrencial impulso.

Las lluevo una a una, hasta que todos somos un charco evaporándose lenta y definitivamente.

http://grupoheliconia.blogspot.com/2010/11/lilian-elphick.html