jueves, 7 de abril de 2011

Fortaleza - Gilda Manso


La mujer se secó los ojos con la mano. El hombre sentado frente a ella la miraba de a ratos, y de a ratos miraba el suelo.
-No te entiendo –dijo ella-, no te entiendo. No sé qué hacer con vos.
Él buscó las palabras exactas, aún cuando percibía que, en esa situación, ninguna lo era.
-Yo te quiero. Sabés que te quiero. Eso no va a cambiar. Pero necesito irme ahora, también lo sabés. Vos sos fuerte. Eso me gusta de vos, que sos fuerte. Con vos estoy en paz, Lu.
Ella lo contempló con desesperación.
-¿Vos no te das cuenta de lo espléndido que sos? Cuando te agarran esos ataques de autoestima por el piso no sé qué hacer, te juro. Sos un hombre maravilloso, metételo en la cabeza, por Dios. No es necesario que vayas a probarlo a ningún lado.
Él sonrió, empañado.
-¿Ves que sos fuerte? Te quiero tanto, Lu, tanto.
-¿Te quedás conmigo?
-No puedo. Perdoname, pero no puedo.
-¡Me querés pero te vas a buscar a otra menos fuerte! ¡Una imbécil que necesite a esa mierda en la que te convertís! Yo te necesito a vos. Necesito al que sos de verdad.
Una vez más, frente a la mirada sangrante de Luisa, Clark Kent eligió transformarse en Súperman y, también ahogado en lágrimas, se fue a rescatar a alguna dama que, obnubilada por el superhéroe, no viera ni amara ni odiara ni conociera al hombre.

Gilda Manso

No hay comentarios:

Publicar un comentario