
Se sentaron sobre mí e interrogaron a mi marido cortés pero largamente. Nuestra relación, las últimas palabras que habíamos cruzado, sus más ínfimos movimientos tras mi desaparición. Él mintió, por supuesto: qué iba a hacer. Y ya se retiraban, exhaustos y deprimidos, cuando un débil quejido, fruto de mi última voluntad, la de justicia, les advirtió que mi cuerpo estaba allí, prolijamente embutido en el sofá.
Alejandro Hugo González
Imagen: El grito, Edward Munch.
Alejandro Hugo González
Imagen: El grito, Edward Munch.
¡Wow!
ResponderEliminarbuenísimo, a lo Poe!! Me encantó, Alejandro!
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