Dejó las pantuflas de bajar ascensores y se calzó las chinelas de transitar lobbies. En la puerta las cambió por mocasines de caminar veredas. Llegó a la esquina, se puso botas para saltar charcos y bajó a la calle. En la senda peatonal las reemplazó por sandalias de cruzar calzadas. Absorto en sus cosas, no prestó atención a la bocina de romper oídos y lo atropelló un auto que circulaba sobre ruedas de cansar ciudades.
Sobre el autor: Daniel Frini
Muy buen dinamismo de calzados...
ResponderEliminarMe encantó, Dani. Lo había leído ya antes, por ese privelegio que tenemos los Heliconios, pero la segunda lectura fue tan sorprendente como la primera. Eso dice mucho.
ResponderEliminar