lunes, 4 de abril de 2011

Las razones del cuerpo - Alejandro Hugo González


Nunca le habían gustado las manos de su esposa. Pero eso no tenía que ver con ella: era tierna, bellísima, adorable. Inclusive podría haberse dicho, si no hubiera sonado tan ridículo, que él tenía miedo de aquellas manos. Pero se trataba de ellas; a su esposa la amaba con todo su corazón.
Y fueron precisamente aquellas manos las que una noche de invierno lo estrangularon, mientras su esposa, desesperada, atrás, gemía:
—Te amo, querido; te amo tanto como jamás podrás imaginar. Pero tu cuello, ay, tu maldito cuello...

1 comentario:

  1. Amar u odiar parte por parte... ¡buena idea para esta exploración!

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