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martes, 20 de septiembre de 2011

Una carta - Alejandro González Foerster


Quisiera amarte como amo a mi bufanda, o como amo a mi vaso de fernet. Con esa furia, con esa gratuidad.
O amarte, por ejemplo, como amo a mis anteojos: con esa necesidad. O a mi ducha caliente, por esa transformación que se opera en mi ser entero con sólo pensar en ella, en su tibieza.
Amarte —¿podré hacértelo entender?— como amo a mis piezas de ajedrez, a mis viejas pantuflas, a mi lápiz; al grillo de mi patio, a mi nogal.
Pero eres sólo Dios.

Sobre el autor: Alejandro González Foerster

domingo, 11 de septiembre de 2011

La descontenta - Alejandro González Foerster


Nunca hubiera esperado que fuera así.
Cuando una es joven y está en busca del amor, desvelada y ansiosamente lo inquiere en cada gesto y en cada circunstancia, cree -o, mejor dicho, cree saber- que cuando haya llegado, cuando haya al fin llegado, nada habrá que se le pueda parecer, y que ante su presencia el alma de una se encenderá como una hoguera.
Sueño descabellado, ilusión vana fruto de mi estúpido romanticismo adolescente. Ahora que por fin me he unido a él la rutina envenena cada instante y su indiferencia hiere mi corazón como una lanza. Mi sueño ha muerto irremediablemente.
Pero no le va a resultar así de fácil. Atada a él para siempre, como estoy, el día que por fin lo pueda ver tendrá que responder por mi ilusión.
Mi pequeña venganza, mi único consuelo mientras paseo triste por el huerto bajo la mirada entre curiosa y preocupada de la Madre Superiora.

viernes, 20 de mayo de 2011

Preguntando se aprende - Alejandro González Foerster


—No comprendo la realidad —le dijo el hombre a Dios, cuando tras mucho esperar pudo hablar con Él—. Por favor, ¿me podrías explicar?
—No te molestes —le respondió el Señor, señalando hacia arriba con un gesto mecánico de Su mano—; tampoco Él la comprende. Hace ya mucho, mucho tiempo, cuando tras mucho esperar pude hablar con Él, Yo le pedí lo mismo que tú a Mí. Y Él, señalando hacia arriba con Su mano, me respondió lo mismo que Yo a ti.

Alejandro González Foerster

El alivio - Alejandro González Foerster


Sueño que mi hijo juega con otros niños al abrigo de un sol amarillo y brillante, ignorando al horroroso ser que va surgiendo de una alcantarilla.
Despierto espantada, temblando y gritando.
Mi esposo, con paciencia, me abraza, me tranquiliza; en forma entrecortada le cuento mi pesadilla.
—No seas tonta, mi amor —me dice—. Sabés muy bien que las alcantarillas han sido clausuradas, que el sol no es amarillo sino verde muy pálido, que gracias al progreso los niños ya no existen.

Alejandro González Foerster