Volvía una y otra vez al lugar donde tantas veces nos citáramos. Apostaba a que volviese y también a que hubiese cambiado; debo reconocerlo. Pero sabía, tenía la certeza, de que esto no podría ocurrir. No, ni ella volvería a ese lugar ni dejaría de ser como había sido. Por eso a aquel sitio, simplemente, sólo volvía en sueños.
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viernes, 4 de marzo de 2011
Insistencia - Carlos Suchowolski
Volvía una y otra vez al lugar donde tantas veces nos citáramos. Apostaba a que volviese y también a que hubiese cambiado; debo reconocerlo. Pero sabía, tenía la certeza, de que esto no podría ocurrir. No, ni ella volvería a ese lugar ni dejaría de ser como había sido. Por eso a aquel sitio, simplemente, sólo volvía en sueños.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Navidad prometedora - Carlos Suchowolski
—Escogeré a los más tiernitos… —magulló abandonando la cama.
Afuera nevaba y el sol aún no había comenzado a brillar. Se calzó el pantalón rojo, las botas rojas rematadas de blanco, luego el abrigo del mismo color con ribetes y por fin el gorro típico, de punta caída a causa del pesado pompom. No había razón alguna para cambiar de vestuario sino todo lo contrario, era para llevarlo especialmente en esta ocasión. Y salió a preparar el trineo.
Por fin, al volver a casa en busca del par de gafas de sol que no se le había ocurrido llevar consigo en un primer momento, pero que de repente pensó que le podrían ser muy útiles, descubrió en en una esquina de la puerta, el “¡Qué tengas un buen día, mi querido gordinflón!”
—¡Maldita! —exclamó sonriendo evocadoramente. Pero debía darse prisa e ir hacia la noche antes de que saliera el sol. Una vez que volviera de la cacería, se dijo mientras iba y venía, limpiaría con alcohol etílico ese mensaje escrito con un dedo mojado en su propia sangre por la vampira de la noche pasada.
martes, 21 de diciembre de 2010
La fiesta es la fiesta - Carlos Suchowolski
Decidieron salir todos juntos a celebrarlo, pero no hallaron ni un solo claro de bosque ni una sola discoteca donde hacerlo: estaban todas a tope (con el aforo desbordado) por culpa de los vivos, que habían salido a celebrarlo primero. Así fue que, después de tantos años de paz de cementerios, volvieron a escucharse broncos tambores de guerra.
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