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domingo, 15 de mayo de 2011
Fruta madura - Sergio Astorga
Había un vago olor de angustia y un blindado desarreglo. Tenía la orientación correcta. Leyó una vez mas: Avenida Lorenzana numero 50.
Nunca sospechó que esa dirección tantas veces ambicionada lo llevaría a un mercado. Curioso, cruzó ese espacio de gargantas múltiples, de canastas y ojos ávidos de compra.
—Pruébela marchanta.
—Llévelo llévelo bien caladito joven.
—A cuatro la docena güerito.
—Si hay, calientitos, cuantos le damos Don?
—Chile ancho, guajillo, morita, cascabel, chipotle. Un cuarto, medio?
—Que va a llevar señor? Tenemos de su talla.
—Pásele, si hay lugar, quiere ceviche, caldo de camarón, huachinango, ostiones, almejas, cazón. Si hay lugar...
Desconcertado vaga, tritura, se ciega, se siente invadido por un torbellino que estalla en sus oídos.
De repente, entre el vocerío, percibe ya como hombre roto, a esa pera madura, pulida, turgente. Se acerca conquistado y revive el tatuaje de su memoria y comienza a cruzar los caminos de la evocación, de la caricia desdentada. La misma nuca curva, el mismo hombro circular. El mismo párpado de espalda, la misma piel visible de la carne; la misma desnudez de alcoba; la misma falda jugosa que se toca; el mismo talle sendero que despeña.
Colgado a la visión no atina a decir: es mía. Sale del mercado y algo madura en su interior. Corre y arde hasta llegar a casa.
Se sienta delante del frutero. Poco a poco se va oxidando su recuerdo en el presente; como un beso, como la estampilla de una carta.
Tomado del blog Antojos
viernes, 1 de abril de 2011
En tu noche - Sergio Astorga

Tú estás montada en tu noche. No habrá que acomodar la almohada para buscar con tus manos en la oscuridad ese nombre de hombre que sabe a almizcle. Eras plena, no había sitio para otro cuerpo. Sabes que te quedaron noches por delante. Tu cintura habla de ti y de lo que resguardas. Sabes que ya no hay porcelana en tu vientre y sólo el arrebato de la llama abierta queda. De tus pantorrillas ya huyen los ojos de bohemia. Llevas contigo el triángulo de tu paraíso: tu nombre, voz e impericia.
No te lo repitas. Tienes una flor sin usar. Una mentira nueva y un espacio en tu armario para colgar el arraigo. Sí, repítelo, no eres vieja, te sobran lunas y espinas para cubrir con tus guantes negros. Tu piel esta curtida, no lo olvides. Y tu amor está en trozos de manzana, en romance con las orillas del otoño.
Duermes sin ayuda y sales a la calle deseando volver a casa. Sí, reconoces el sonido de tu risa, de tu cabello enredándose en el cuento de mañana. Si ese tiempo pudiese volver tu carne se cubriría de apatía. ¿Sabes qué te esperaría si el viaje que quieres resbalara en tus labios?
No habrá palabras que te salven. Nada sabes de la tibieza. ¿Recuerdas que tu niña la dejaste emboscada en otro estanque? No todo es tuyo, ni tu forma, ni el banquete, ni la música de los metales. Este moverte tan dueña no basta para que los peces llenen el estanque. Tu furia es la antorcha que te mantiene untada a la vida. No lo olvides, el cuerpo rígido en tu cama es el manso sueño que te asiste. No volverán los ladrones y tus ruidos cotidianos inventarán otra polilla. Ya tienes la noche tibia y no son estériles tus memorias.
¿Te provoca ser mujer otra vez?
No te lo repitas. Tienes una flor sin usar. Una mentira nueva y un espacio en tu armario para colgar el arraigo. Sí, repítelo, no eres vieja, te sobran lunas y espinas para cubrir con tus guantes negros. Tu piel esta curtida, no lo olvides. Y tu amor está en trozos de manzana, en romance con las orillas del otoño.
Duermes sin ayuda y sales a la calle deseando volver a casa. Sí, reconoces el sonido de tu risa, de tu cabello enredándose en el cuento de mañana. Si ese tiempo pudiese volver tu carne se cubriría de apatía. ¿Sabes qué te esperaría si el viaje que quieres resbalara en tus labios?
No habrá palabras que te salven. Nada sabes de la tibieza. ¿Recuerdas que tu niña la dejaste emboscada en otro estanque? No todo es tuyo, ni tu forma, ni el banquete, ni la música de los metales. Este moverte tan dueña no basta para que los peces llenen el estanque. Tu furia es la antorcha que te mantiene untada a la vida. No lo olvides, el cuerpo rígido en tu cama es el manso sueño que te asiste. No volverán los ladrones y tus ruidos cotidianos inventarán otra polilla. Ya tienes la noche tibia y no son estériles tus memorias.
¿Te provoca ser mujer otra vez?
Tomado del blog Antojos
jueves, 31 de marzo de 2011
Chorreada - Sergio Astorga
Manaba el cielo descorazonado y los destinos del vuelo ya no eran de platino. El tedio se embarraba de brea. La melancolía en majada buscaba enterrar su pico en otro nido y el timón del ala escrutaba descampar al tiempo en alta voz.
Es tremendo lo que se raspa en el mapa porque la cucharita de jarabe no alivia. Quince años estuvo esperando hacer lo que quería. Y hoy que es domingo, el seso de pájaro se le viene a la memoria y recuerda que es de altura su propósito.
En la puerta de la casa se despidió un día y el corazón de huevo en vela se quebró por siempre. Yo no sé cómo acomodar su trenza pluma o remendar la urgencia próxima. Yo sólo quiero pedirte si lo miras, que le digas que sigue chorreada su imagen en la pared provecta, esa donde estuvo clavado el clavo de su jaula.
Tomado del blog Antojos
domingo, 6 de marzo de 2011
Rugosidades - Sergio Astorga
Estás rugosa en mi recuerdo, y como la espalda del río, muchas rocas limitan tus orillas. Reflejas la disciplina solar en tu quemada piel. Los riscos que te forman petrifican mi aliento y unos minutos después, estás húmeda ante mis ojos y un nuevo incendio devasta los pocos infinitos frescos.
A veces me siento montaña y en la hoguera esencial parece que soy astro. El puñal desaparece. El insecto que se esconde entre tus piernas corre rápido a beber su espacio. Las piedras se frotan como si fueran noche y amanece por fuerza de los besos sacrificados.
Encintado en tu pedernal me cuezo y me hago hombre y un nuevo alfabeto afina mi garganta. Me baño bajo el cielo del norte y me desparramo solitario. Dichoso me devoro en tus imágenes. Hazme más tuyo dije, arde, cae en mí, incendia mis ojos, hazme piedra lunar. Dame tu collar de piedras preciosas. Párteme en dos para ser la dualidad como el señor maguey.
Sé que me cubre tu jardín de piedra, que me sabe a polvo el pulque y la huella de tus pisadas quedan petrificadas en mi frente. Soy el fruto de tu rojo vivo y de la amarilla rota luz del pensamiento. Sólo la chispa del amor turquesa tiene el sueño. Sólo la chispa del amor se agrava por tu nombre.
Tomado del blog Antojos
lunes, 14 de febrero de 2011
Era de camarón - Sergio Astorga

En éxtasis, cómica y mártir, el alba huele a carne macerada y se entume en el cristal la imagen de novicia que desgarra al que la mira.
Ha perdido la cabeza y tiene miedo de contagiarse y corre de muro a muro y nunca la miel de la caricia tocó sus pensamientos.
Lo que está en su cuerpo no sale de su cuerpo.
Y el fuego, en su jungla tiene tregua; un hormiguero de apetito y ungüento de sal que se fastidia.
Antes del reino húmedo del viento ya su vientre ensuciaba las sábanas de premoniciones, de futuras contiendas que nunca llegarían.
Vino del mar y los ocres de la piedra le dieron ese rostro y muchas bocas le dieron nombre.
Su sonrisa sangra de su vientre y es un signo que flota y demasiada noche la penetra.
Su era es la del agua y la temperatura del azul es la ceniza que la tizna.
Arde como la piedra filosofal y deja la rosa de los tiempos clavada en la intimidad de los libreros.
Inoportuna y plural, el silencio de lo amado sufre, como sufre el ojo cuando arde.
Era el giro detenido del sexo y la nuca del sueño.
Era inaplazable la sed de sus entrañas y el torbellino de la nada.
Y era de camarón su torrente de signos.
Si. Era de camarón el delirio de sus muslos.
Ha perdido la cabeza y tiene miedo de contagiarse y corre de muro a muro y nunca la miel de la caricia tocó sus pensamientos.
Lo que está en su cuerpo no sale de su cuerpo.
Y el fuego, en su jungla tiene tregua; un hormiguero de apetito y ungüento de sal que se fastidia.
Antes del reino húmedo del viento ya su vientre ensuciaba las sábanas de premoniciones, de futuras contiendas que nunca llegarían.
Vino del mar y los ocres de la piedra le dieron ese rostro y muchas bocas le dieron nombre.
Su sonrisa sangra de su vientre y es un signo que flota y demasiada noche la penetra.
Su era es la del agua y la temperatura del azul es la ceniza que la tizna.
Arde como la piedra filosofal y deja la rosa de los tiempos clavada en la intimidad de los libreros.
Inoportuna y plural, el silencio de lo amado sufre, como sufre el ojo cuando arde.
Era el giro detenido del sexo y la nuca del sueño.
Era inaplazable la sed de sus entrañas y el torbellino de la nada.
Y era de camarón su torrente de signos.
Si. Era de camarón el delirio de sus muslos.
Tomado del blog Antojos
sábado, 22 de enero de 2011
Monolingüe - Sergio Astorga

Era un yo mismo antes de que vinieran a rasurarme. Me han mirado y se olvidan que quise decirles a su debido tiempo que, el dedo oponible es el único testigo de que hubo espíritu.
A mí me han castigado los dioses, me dieron un doblez innoble, una bola amarilla y un pájaro de signos como alas.
No te reclamo por el espejo sino por esta monótona forma de decir las cosas.
A mí me han castigado los dioses, me dieron un doblez innoble, una bola amarilla y un pájaro de signos como alas.
No te reclamo por el espejo sino por esta monótona forma de decir las cosas.
Tomado del blog Antojos
Imagen Monolingüe de Sergio Astorga
jueves, 9 de diciembre de 2010
Come Lunas - Sergio Astorga

Cada vez que el infinito se abre como un mineral y la noche enseña una cordillera de puntitos luminosos de oriente a poniente, el come lunas, con un apetito redondo y un paso intensivo, sale de su cáscara, se le olvida el habla y con sufrida sagacidad persigue el haz de luz que danza entre los híbridos verdes del bosque.
Al llegar al estanque, el corazón del sapo comienza su latido de agua; un montón de luciérnagas se marchan y el come lunas, con dos palomas como manos, abre la boca y su aliento de rama machacada, inunda de hechizos atmosféricos las diferentes fases de la luna.
Cuando veas una senda de alfalfa en la cintura de los cielos y diagramas de plata en tus papeles, recuerda que el come lunas esta inflamando sus pulmones.
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