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lunes, 13 de junio de 2011

El mail de Hermes – Francisco Costantini


El mail, contundente, estaba dirigido a la totalidad de los dioses del Olimpo. Hermes decía sentirse avergonzado de que no hubiera divinidad que no se la pasara cada segundo de su vida eterna con la cabeza metida en las pantallas de los celulares y monitores, enviando mensajitos de texto o tweeteando. Incluso, aclaraba, él había caído en esas redes más petrificantes que la mirada de Medusa. Pero lo peor consistía en la humillación que lo embargaba, pues, como dios mensajero que era, su existencia ya no tenía razón de ser. “Me voy del Olimpo, seré un desocupado más entre los infelices griegos” fue la última oración de su mail, que también copió en su muro de facebook y, por supuesto, tweeteó. La única respuesta fue un “A Ares le gusta esto”; por lo demás, los dioses lo olvidaron pronto.

viernes, 13 de mayo de 2011

Mamarracho de ficción (¡pero cómo vende!) - Francisco Costantini


Gracias a la ayuda de Érmix, el mago, Térmix, el guerrero, había podido escapar del castillo de los orcos. El mago, antes de morir debido a la picadura de un Culex pipiens —es decir, un mosquito— en su nalga derecha que a la sazón se hallaba descubierta —error fatal y del cual aún no se conocen las verdaderas causas (1)— otorgó a su inseparable amigo la Espada Más Que Mágica, con la cual Térmix, luego de llorar al reciente difunto, descalabró a cientos... qué digo cientos: ¡miles de orcos!, siendo tanta la sangre derramada que a partir de entonces existe en el lugar el lago De Orcoris Sangroris, cuyas profundidades habitan las más extrañas alimañas.
Sin embargo, pronto advirtió Térmix que los orcos eran más de los que la Espada Más Que Mágica podía vencer, así que, implorando a los dioses, echóse a correr a través del Bosque Del Que Veo Medio Complicado Que Salgas A No Ser Que Tengas La Espada Más Que Mágica. Suerte para nuestro héroe que contaba con la susodicha arma, cosa que sus perseguidores no, y así fue como luego de correr un extenso trecho, salió a un claro que, si bien no era el fin del Bosque Del Que... etc., lo anunciaba.
Se recostó sobre una piedra lisa para descansar unos minutos y poner en claro sus ideas. La luz blanca de la luna acariciaba su piel sudada resaltando así su anabolizada musculatura. No veía la hora de estar allá, en La Tierra Que Aún No Imaginé Pero Hagamos De Cuenta Que Existe, junto a la Princesa De Tiernos Senos o, mejor aun, con su escudero Siempre Dócil Y Bien Dispuesto. Distraído con estos dulces pensamientos estaba cuando sintió la tierra temblar. De un salto se incorporó y vio que la piedra sobre la que había estado recostado era en realidad una tumba, y ese descampado, un cementerio. Un chillido agudo y poco acorde a su figura escapó de entre sus labios al ver que por todos lados emergían desde la misma tierra muertos-vivos al grito de: “Cerebro... Cereeeebro”. Recordando quién era y por qué estaba ahí, esgrimió La Espada y la hundió en el pecho de uno de los zombies. De nada sirvió, al contrario, pues ya no pudo sacar la hoja de ese cadáver. Otra vez imploró a los dioses para darse, por segunda vez en la noche, a la fuga, pero comprendió que lo rodeaban por todas direcciones. Los zombies, de mirada extraviada, pasos torpes, y brazos extendidos al frente, avanzaban lentamente hacia él. Térmix cayó de rodillas, pensando que si bien esto aumentaría las ventas del libro que protagonizaba —¿o ya no?— le parecía de mal gusto.
Poco a poco fue sintiendo cómo las manos heladas recorrían su cuerpo, cada vez más, hasta que por fin alguno de aquellos monstruos hundió la dentadura en su cabeza. Se había terminado la era de los guerreros, magos y princesas (2). Comenzaba, entonces, el tiempo de los zombies (3).
¿Y ahora, quién podrá defendernos (4)? Esa es la cuestión.

Fin

¿Fin? ¿Así?

Sí, no jodas: fin.


(1) Algunos manuscritos, poco fiables, hablan de cierta relación un tanto ambigua entre el mago y el guerrero, no se sabe si por la varita de aquél o el sable de éste.

(2) ¡Por suerte!

(3) ¡Mierda!

(4) A los lectores, claro.


Tomado de: http://friccionario.blogspot.com/

domingo, 1 de mayo de 2011

El escritor de ciencia ficción - Francisco Costantini


El escritor de ciencia ficción escribía y, mientras tanto, pensaba que, en la infinitud de universos paralelos, otras versiones de él, en ese instante exacto, gestaban todas las novelas posibles, algunas que únicamente diferían en un punto de la suya, otras que ni siquiera pertenecían al género. Medio en broma, deseó que la suya fuera la mejor. Siguió escribiendo. Más tarde, reflexionó que si los mundos múltiples eran interminables, existía la posibilidad muy cierta de que la historia que él imaginaba, sus lugares y personajes, habitaran alguno de aquellos; esto lo divirtió. No mucho después, tomó conciencia de que su vida misma, tan real aquí y ahora, podría ser la ficción de otro, en algún universo probable. Sus manos se paralizaron, suspendidas sobre el teclado, mientras analizaba la conclusión a la que había arribado y los cabellos de la nuca se le erizaban levemente. Esto duró poquísimos segundos. Por fin se encogió de hombros, convencido de que nada había por hacer si las cosas funcionaban de esa manera y no de otra, y continuó escribiendo.

Extraído de: http://friccionario.blogspot.com/

Francisco Costantini

viernes, 18 de marzo de 2011

Te fuiste despidiendo de a poco - Francisco Costantini


Te fuiste despidiendo de a poco. Una semana después de que te marcharas sonó el timbre de casa. Abrí la puerta y ahí estabas vos. Tenías llave, pero habías decidido no usarla: eso marcaba la diferencia. Sin embargo, naufragamos entre las sábanas y nos ahogamos en cada beso. Al amanecer, cuando desperté y mi cuerpo quiso abrazarte, no pudo encontrar el tuyo. A la noche siguiente regresaste, aunque lucías calva, sin tu característica y abundante cabellera. No te dije nada, vos tampoco a mí; fuimos directo al grano. Y así fue durante las últimas semanas; venías hasta acá pero cada vez más incompleta. Un día ya no sólo eras calva, sino manca. Otro, ni los brazos ni tu cabeza se presentaron. No supe qué hacer cuando me llamaste horrorizada por teléfono: te faltaban las nalgas y lo senos, que efectivamente habían pasado la noche conmigo… Todo fue extraño pero comprensible, nuestros cuerpos se habían amado más que nuestras almas, les costaba desapegarse. Ayer me llamaste y creo que fue la última vez. Me preguntaste si no había visto tus ojos. Tardé en encontrarlos dentro de un par de vasos guardados en la alacena. Antes de devolvértelos los contemplé, los besé… Supieron hacerme muy feliz en el pasado. Luego, como acordamos, los deposité frente a la puerta de tu nueva casa, toqué el timbre, giré sobre los talones, y me marché. Sé que esta noche ya no vendrás.


Tomado de: http://friccionario.blogspot.com/