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lunes, 8 de agosto de 2011

Enemigo - Jorge Ariel Madrazo


No lo ves, pero está. Se desliza hacia un costado, con ese brinquito. Y sin embargo. Tu mirada lo intuye con dificultad. Quién iba a imaginarse. No, no digas “pucha”,ni “mi dios”. Basta de quejas. Abrís la puerta, por si.Pero no. El asunto suena difícil. Ahora ¿no camina, eh, por el dormitorio?¿No saltó al espejo? Sin dudas. Te atrevés a alzar la vista hacia su óvalo alunado. Ahí está, frente a vos: tu Enemigo. Hasta se atreve, el muy canalla, a mirarte.

Sobre el autor: Jorge Ariel Madrazo

lunes, 18 de julio de 2011

Globo - Jorge Ariel Madrazo


Última noche en Paris. Abris la ventana que te permitirá acceder al pequeño balcón, y seis pisos más abajo la calle, el collar de piedras que contornea al árbol flaco. El perfil de aquel edificio, enfrente, rematado en una chimenea casi caricaturesca, es ahora una sombra extrañamente atravesada por presagios de algo indefinible. Los parroquianos del restorán, en la esquina, ríen de pronto, todos a un tiempo. Seis chicos y chicas, en la vereda de tu hotel, juegan a la mancha. Se detienen más tarde, gritando eufóricos: uno de ellos enarbola un globo azul que sin embargo en un momento fatal se desprende de sus manos y sube, sube mucho más arriba de la copa del árbol, más arriba de tu balcón, de ese manotazo con que pretendés agarrarlo y que te impulsa a sacar imprudente medio cuerpo sobre la baranda al punto de que aun en el instante en que te precipitás a tierra, hacia la veredita donde los chicos gritan pero mucho más fuerte, estás sumamente irritado por no haber podido aferrar aquel maldito, aquel indiferente globo azul.

jueves, 3 de febrero de 2011

Mientras él sueña - Jorge Ariel Madrazo


Mientras él sueña, guiños de automóviles esparcen estelas cegadoras sobre el puente (dorado) de su mente. ¿Galopan esas luces hacia el río? ¿Acuden a un Llamado que él no oyó? Esas luces ¿sabrían acaso transmutarse en marea de elefantes bramadores? ¿O, por curioso capricho o azar, serénanse esos autos, esas luces, y han de ser góndolas dentro del alma de aquél que sueña para Nunca, Jamás, despertar?

Jorge Ariel Madrazo

viernes, 26 de noviembre de 2010

Nocturno de tango - Jorge Ariel Madrazo



«Me hallaba solo, disponible, desafecto y tranquilo. Tenía veintiséis años.»
El juego del revés, «Teatro», Antonio Tabucchi.

¿Me creerá si le digo que en esa época yo me sentía extrañamente identificado con el joven solitario, desafecto y tranquilo que se abría paso, sin saber por qué ni hacia adónde, en la escondida región de Kaniemba, Africa? ¿Y que en cierto exacto minuto se sentiría perplejo frente a aquel inglés, Sir Wilfred Cotton, y sus sorprendentes “funciones teatrales”, proezas fantasmales de un ex actor que, roto el hilo umbilical de su vida, reviviría su ayer en homenaje al joven, su único invitado vestido de etiqueta en una residencia al borde de la selva, residencia y a la vez improvisado escenario, verdad Antonio Tabucchi?
A decir verdad, yo tenía veintiocho años y a la inversa de aquel joven me sentía muy poco disponible, sumergido en un océano de intranquilidades. Lejos del sitio, fuera cual fuese, en el que debería estar. Y, claro está, lejos del África que nunca visité.
Por eso, para esconder mi imprecisa angustia, cierta noche decidí mantenerme estático dentro de la oscuridad del salón, allí en la casa familiar, tan lejos del Africa, a sabiendas de que mi camisa blanca recién planchada brillaba como una luciérnaga. Y que desde el patiecito abierto a la luna ella estaría observándola –observándome, aun sin verme del todo- fascinada. Todavía enamorada.
No, no me veías. Pero sí ahora, cuando han pasado muchos, excesivos años. Y en la noche, mezclado con el prestigio vegetal de los arándanos sin duda rojos, se oye un tango.
La camisa que ahora llevo es azul, casi negra. Por contraste, mi cabello es blanco. La sala está a oscuras. Tú permaneces quieta, esfinge tal vez triste, tal vez dolorida ante la silente comprobación de que la rueca llamada vida se desmadeja más rápidamente cada vez, y que ya no eres la muchacha que reía por nada y miraba la luna en orgulloso desafío.
Tampoco estás aquí, es cierto. No estás conmigo desde hace muchos años.
Y sin embargo, sólo ahora puedes verme. Porque estás muy en mi y no ya en un patiecito lleno de luz.
Sólo puedes verme ahora que estás muerta.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Cosa’e Mandinga - Jorge Ariel Madrazo


Tanto poder. Y para qué. Si ella, la diabólica, no lo amaba.
Dijo: “Deshágase el cielo”. Y se deshizo.
Y tanto sol, ¿para qué?
Ordenó: “Apáguese el Sol”.
De pronto: la súbita noche absoluta. El hielo helándolo todo. El diablo se congelaba.
Quiso rogar: “Hágase el fuego…”. Pero el frío lo paralizó.
Se oyó, arriba, la burla del Gran Lamparero : “¿Queriendo imitarme, eh? Ahora, a bancársela”.
Satán comprendió que debía resolver de otro modo sus problemas de pareja.

http://grupoheliconia.blogspot.com/2010/11/jorge-ariel-madrazo.html