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jueves, 13 de octubre de 2011

Regresión - Federico Demarchi


Has entrado al laberinto, aunque no recordás en qué momento. Estás dispuesto a perderte por mil senderos distintos hasta dar con el monstruo. Sin embargo, conforme avanzás, las paredes ralean. Finalmente llegás a un descampado. Bajo el tibio sol caminás sin rumbo fijo. Cuando tu buen olfato te pone sobre aviso, te plantás en medio del valle y bajás la cabeza buscando tu espada. Pero no hay tal espada. Te dejás caer de rodillas. Se te hace agua la boca. El pasto tierno entre los dientes te enseña la libertad.

Tomado del blog Poesía y Microficción

martes, 13 de septiembre de 2011

Actualidad – Federico Demarchi


Una enorme bola de acero atraviesa la medianera del antiguo caserón y arranca la cabeza de la anciana sentada frente al televisor.
Adherida a la bola, cruzando el aire con un gesto de satisfecha aprobación, la cabeza muere informada: de acuerdo con lo manifestado en el noticiero, un juez ha puesto fin a la ola de desalojos.

Tomado del blog Poesía y Microficción

viernes, 3 de junio de 2011

Apagón metafísico - Federico Demarchi


Cae la noche sobre el rancho vacío en medio de la llanura. No hay caballos, ni perros que ladren, ni campos sembrados, ni caminos.
El hombre que imagina el rancho envuelto por el silencio y la penumbra, no logra hallarse él mismo dentro de la escena. Y esto lo lleva a sospechar, llega incluso a dudar de la realidad de su cuerpo, de la cama en la que está tendido, del rancho, de la llanura, de la noche que sigue cayendo y que lo arrastra con ella, desintegrándolo de vértigo por el abismo del sueño hasta otro día.

Tomado del blog Poesía y Microficción

domingo, 22 de mayo de 2011

Explícito – Federico Demarchi


Al otro explorador, le avisé que era un animal redondo, que vivía en los huecos de los árboles, dormía de día y salía a cazar por las noches, y que aun siendo pequeño, saltaba al cuello de grandes mamíferos, les infligía una mordida letal que los derribaba y luego los despedazaba con paciencia.
Le conté además que, tal como indicaba la leyenda, poseía lenguaje y, por lo general, procuraba entablar conversación con las potenciales presas, pero sólo los hombres sabios, diestros en las lenguas de los animales, se salvaban de la funesta mordida.
Se lo expliqué todo punto por punto, hablándole al oído porque no me gusta gritar, pero o era sordo o no me entendió. Así que tuve que comérmelo.

Tomado del blog Poesía y Microficción

sábado, 21 de mayo de 2011

Autor intelectual - Federico Demarchi


Nadie te oyó entrar en su casa, ni discutir con él unos minutos, ni retirarte fingiendo que ya no volverías para acceder nuevamente por la puerta de atrás, sorprenderlo por la espalda y dispararle tres veces. Nadie te vio registrar sus cajones, robar dinero y documentos, tomar después el camino de regreso por una calle empedrada con las manos en los bolsillos y al cruzar el viejo puente arrojar el arma al río. Tal vez no falte quien sospeche ya, que lo anterior no alcanza para incriminarte. La unánime noche es testigo: nadie te oyó ni te vio.
La realidad es indiferente a las simetrías. La imaginación, las busca y las encuentra por doquier. Perfecto, en consecuencia, será sólo aquel crimen que sea imaginario. Ahora bien, ¿quién ha sido el autor de este crimen?, ¿quién lo ha imaginado?, ¿quién ha dado por cierto lo que no es sino una negación?
A la hora de responder estas preguntas, no me gustaría estar en tu lugar, activo lector.

Tomado del blog Poesía y Microficción