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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Destino - Esteban Dublín


El hombre desafortunado se ha dado a la tarea de coleccionar amuletos. Su compilación abarca patas de conejo, talismanes, aretes de plata, corbatines, librillos místicos, mierda de paloma, collarines, tréboles de cuatro hojas, monedas antiquísimas, porcelanas de bronce, notas infantiles, flautas celtas, pañolones, pergaminos, pulseras de hilo, especias, medicinas ancestrales, relojes suizos del siglo XV, estampillas, zapatos de goma, sombreros bordados, botellas de anís, porciones de arroz, flechas indias, cojines, cuerdas de lino, cuadros aztecas, fuentes de jardín, atrapasueños, bufandas orientales, cáñamo y cerraduras.
Su suerte no ha cambiado.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Caín - Esteban Dublín


Todos lloran. Mi madre, por ejemplo, lo hace desconsolada. Se aferra al féretro como un náufrago a su veleta. Mi padre apenas la sostiene. Parece más fuerte, pero a él también se le escapan cristales de las pupilas. Mi sobrino solloza. Mi cuñada, a su lado, lo abraza. Los lentes oscuros no alcanzan a cubrirle el dolor. Yo la miro a la distancia. No me atrevo a hablarle. Han pasado diez años desde que me dejó por mi hermano. Todos lloran. Yo, sin embargo, mantengo la compostura.

Imagen de SuperGrassor en DeviantArt

lunes, 29 de noviembre de 2010

Brújula de Trewell - Esteban Dublín


La brújula creada por Miles Trewell tiene una característica única. Quien la tiene en sus manos no ve hacia dónde queda el Norte, sino la dirección en la que se encuentra su alma gemela. No siempre –valga la aclaración– la brújula de Trewell apunta a la pareja actual del que la sostiene, factor determinante para finiquitar relaciones que, incluso, estaban a punto de llegar al altar. Ante el misterio de la brújula, un grupo de fanáticos la ha resguardado como un oráculo sagrado en un recóndito pasaje de la República de Saharui, al noroccidente de África. Allí, se permite sostener la brújula por un par de segundos, pero los saharuis cobran con la vida la consulta del visitante,. Riesgo que, a la fecha, miles de miles han corrido con tal de saber en dónde se encuentra el amor.