sábado, 15 de octubre de 2011
El hombre de negro - Beatriz Fariña
Cuando aquel hombre de negro (ya no utiliza guadaña, está pasada de moda) se me acercó y me dijo:
—Te vienes conmigo.
Tenía yo aun muchas cosas que hacer, y mira que era guapo y atractivo, sí atractivo a pesar de un cierto aire siniestro. Tenía yo la tarde creativa y quería cocinar una cenita especial e imaginativa. Además al día siguiente había quedado con unos amigos para arreglar la huerta. Eso y un montón de planes para los siguientes días, semanas, meses, etc.
Así que le tuve que decir que no, que se esperase. Yo seguí a lo mío, tosí con fuerza, que había leído en internet que era bueno en esas situaciones. Tosí y pensé en lo rica que me iban a quedar las cigalas a la plancha con la salsa que estaba batiendo. Así que no le quedó otra que irse, y mira que era guapo.
Tomado del blog: El Beso del Lagarto
Maternidad de madera y marfil – Sergio Gaut vel Hartman
La noticia recorrió el tablero a la velocidad del rumor. ¡La Dama Blanca está embarazada! Era la primera vez que ocurría algo como eso, por lo que las huestes leales cerraron filas, dispuestas a formar un vallado de protección que asegurara la tranquilidad y lozanía de la gestante. Aquí debe señalarse (no sabemos si con animosidad o inocencia) que esas medidas coincidieron con un ataque demencial del bando negro. A la inevitable inmovilidad de la dama blanca se opuso la vertiginosa actividad de su simétrica rival, lo que derivó en una serie de acciones suicidas que dejaron un luctuoso saldo de piezas fuera de juego. Pero transcurridas las prescriptas nueve jugadas, y sin que ningún arresto del sector negro lograra torcer el rumbo de los acontecimientos, la Dama Blanca dio a luz.
El Rey blanco corrió a la sala de partos, ubicada en la remota casilla Hacheuno y se preparó emocionado para recibir a su heredero. Pero la ilusión no tardó en dejar su sitio al desencanto y la felicidad a la furia: el recién nacido era un monstruoso peón gris que lucía una corona en su voluminosa y deforme cabeza.
Acerca de: Sergio Gaut vel Hartman
El hilo - Mónica Ortelli
Créanme que es extraño y fascinante a la vez. Mi cabeza es un globo. No hay cuello, apenas, una cuerda delgada que se alarga.
Conocí a una mujer a la que le pasaba lo mismo: la cabeza le subía por encima de las de los demás; caminaba, comía, atendía a sus pacientes –era médica-, con esa sensación. A veces —me contaba— temía que se le escapara por la fragilidad que adivinaba en lo que ya no percibía como cuello. Sólo estando en la cama todo volvía a su sitio, hasta que se levantaba otra vez. El marido, médico también, le decía que era cansancio; el psiquiatra, depresión. Dejé de verla por las vacaciones. Al regresar, supe que había fallecido. Algo súbito, dijeron.
¿Comprenden ahora por qué hace días que estoy acostada, verdad?
Mónica Ortelli
Tomado del blog Ni vara ni cuchillo
Sátiro – Lucía Amanda Coria
Se desnudó con movimientos provocativos. Exhibiéndose sin pudor alguno. Espiando el estupor en los ojos desorbitados, fijos en su cuerpo.
—Te doy lo que querías maldito sátiro —dijo en voz alta—. Mira todo lo que quieras. Estoy harta de que me espíes todas las noches.
Se demoró ante el espejo, acariciándose. El hombre seguía en la ventana, con la cara pegada a las rejas. Aferrado a los hierros con ambas manos, el rostro enrojecido, la expresión extraviada.
Al fin, cansada de su propio juego, ella se calzó sus primorosas chinelas. Desnuda cruzó la habitación y fue hasta el enchufe. Desde allí miró con ojos seductores al intruso y luego desconectó el cable que electrificaba el hierro de las rejas.
Lucía Coria
Sin viernes – María Pía Danielsen
Eligieron un día de la semana. Fue el de Venus, diosa de la belleza y el amor. Viernes de almas y cuerpos desnudos. De confidencias largas, musas inquietas y labios fundidos sin tregua. De eternidad revestida de sueño, toalla, peine y cepillo.
Venus fue vertiente, acorde, puente.
Su ausencia mutó a pasión crucificada en el calvario del viernes santo.
La semana, huera de viernes, cubrió de añoranzas la figura de los amantes descarriados.
María Pía Danielsen
Tomado de: http://elhuecodetrasdelaspalabras.blogspot.com/
Desmedida confianza - Gladis López Riquert
Después de muchos años de pruebas y gracias a un dato otorgado por un sueño, logré la forma y las indicaciones para obtener cualquier clonación. No lo comenté con nadie, por supuesto, porque la ley prohíbe hacerlo sin protocolos científicos.
Probé con mi perro, Giménez, y así el pobre tuvo con quien jugar. Probé con el gato de la vecina, aunque a mí no me gustan los gatos. También probé con el hijito número cinco de mi prima Ofelia, que no se dio cuenta que ahora tiene dos niños iguales en la casa. ¡Está tan loca siempre!
Probé con cada cosa animada que me gustara. ¡Probé con tantas cosas! Y jamás se me ocurrió…
Creí que ibas a estar siempre.
Los planos para la clonación se deben hacer con el animal o la persona dormida.
Y vos ya hace dos meses que no dormís en casa.
Gladis López Riquert
Inevitable - Claudia Sánchez
Sigue teniendo esa cara de buena gente con la que me conquistó. No es que esté mal, pero a veces no se puede complacer a todos.
Él no podía resistirse. Lo supe cuando, después de decirle que había leído su intercambio de correos con Lucía, con su mejor cara de cordero degollado y muy convencido, me dijo “no lo pude evitar”.
Estuve ensayando esa misma expresión para cuando la policía baje de la terraza y me pregunte por qué se suicidó.
Claudia Sánchez
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