jueves, 5 de mayo de 2011

¡Oh diosa fortuna! – Guillermo Vidal


Fraequs della Morante pidió un hormiguero completo y pago en vainas de cinco canicas sin inmutarse, era un Targo de primera clase, podía hacer lo que quisiera en el SpaZial. Por mi parte era un asistente disponible para secarlo, rascarle las axilas y quitarle el musgo, una tarea indigna de un boot pero aceptable para un terrestre exiliado.
Morante se deslizó en la tina y las hormigas lo cubrieron de inmediato, ingresaron a su interior por sus diecisiete orificios corporales, además de inspeccionar sus enormes pliegues y recovecos, comiendo y absorbiendo restos, hongos y gusanos que el ballenato acumulaba en sus viajes por el espacio.
Los tanques de melaza en los que tenían que maniobrar los navegantes como Morante, para no ser aplastados por la aceleración, atraía todo tipo de plagas al que tenía el honor de participar, no recibía invitaciones para fiestas, ¿donde más podía estar? Después de Morante le quedaban doce clientes al hilo, siempre se llenaba para la época de ovulación; Targos maleducados acostumbrados a que los frieguen, sin siquiera agradecer ni dejar una miserable propina. Mientras terminaba de refregarlo y pasarle la regadera, esforzándose en ocultar la repulsión que le producía esa piel resbalosa como la de una babosa, Morante le habló, ojala no lo hubiera hecho.
—Supe lo de tu mundo, parece que no quedo nada.
—Yo no podía volver.
—Tampoco quedaron muchos de ustedes, una especie frágil, aunque muy hábil para rascar axilas, dijo Morante satisfecho, la desgracia de uno es la fortuna de otro.
—Bien pensado, —respondió y le partió la cabeza de un solo golpe con la paleta de revolver el lodo alimentario—no quedó ninguno que pueda perseguirme.
Escupió sobre el cadáver mientras las hormigas seguían haciendo indiferentes su trabajo, apenas percibieran la muerte se lo comerían por completo, no quedaría ningún rastro, los accidentes pasan.
—Buena cena —les dijo— así es, la fortuna de uno es la desgracia de otro. Se quitó el delantal y salió en busca de otro trabajo, se sentía con suerte. Antes era un exiliado, ahora era una especie exótica.

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