Siempre he sufrido de insomnio, pero aquella noche concilié el sueño como un niño hasta que sentí la carcajada estruendosa de un infante. Levanté la cabeza y vi a mi hijo al pie de la cama: —Ven hijito, te va a hacer frío —le dije. Parecía no escuchar o quizás debí hablar muy bajo, me senté y lo quise traer a mi regazo. Finalmente no pude, ya que mi mano pasó encima de él como si fuera una imagen proyectada. Instintivamente puse una mano al costado y sentí el cuerpo de mi hijo; más aliviado sentí una voz que me decía: “Papá, no te preocupes, sólo fui a dar una vuelta”.
lunes, 16 de mayo de 2011
Axel - Alberto Benza
Siempre he sufrido de insomnio, pero aquella noche concilié el sueño como un niño hasta que sentí la carcajada estruendosa de un infante. Levanté la cabeza y vi a mi hijo al pie de la cama: —Ven hijito, te va a hacer frío —le dije. Parecía no escuchar o quizás debí hablar muy bajo, me senté y lo quise traer a mi regazo. Finalmente no pude, ya que mi mano pasó encima de él como si fuera una imagen proyectada. Instintivamente puse una mano al costado y sentí el cuerpo de mi hijo; más aliviado sentí una voz que me decía: “Papá, no te preocupes, sólo fui a dar una vuelta”.
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